Escribir crea una posibilidad de vida. Todo es posible en una hoja. Tanto que ya puedo decir sin la menor duda, que vivo porque escribo y porque leo. Leer y escribir se complementan. Son simétricos. Como la luna y el sol. El día y la noche. El movimiento de la vida.
Todo cabe en esa brevedad. En ese acto tan simple. Todo pasa entre dos hojas. Tanto que el mero sentir cerca una libreta o un cuaderno, me traen paz. Una paz profunda. El día de ayer y todos los ayeres y el mañana. Todo cabe en una hoja.
Entre dos hojas.
No necesito publicarlo, necesariamente. Sin embargo, me gusta hacerlo, ya que sé que entre quienes nos leen, hay gente como yo, que lee y escribe. Lo hacen en distintos lugares del mundo, y seguramente con distintas motivaciones.
Así se crea o se reaviva un sentimiento de comunidad. Un sentimiento de humanidad que por ahí medio como que pareciera que podría llegar a haberse debilitado. No creo mucho en eso, sin embargo, creo que sí, que la mecanización y tecnificación de la vida deben ser consideradas como riesgos a lo que es esencial.
La página crea una pausa. Un espacio. Un silencio. Esto es necesario. Nada subsiste sin un espacio apropiado. La persona también necesita de espacio. Los sentimientos cambian. Todo se mueve. Es necesario tener un lugar donde guardar y organizar lo vivido. La hoja proporciona este espacio. Es como una respiración.
No necesito estar hablando ni pensando todo el tiempo. Puedo parar. Es necesario parar. La risa para mí es una señal de vida. Cuando me río está todo bien. Todo fluye y se afloja, se acomoda. Dejo de estar pegado a lo que sucede o, aún, a lo que parece suceder, que no es lo mismo. Puedo ver. Sentir.
Por eso escribo. Sigo escribiendo. Aunque no necesariamente lo publique en libro. Me libro de la presión interna que parece querer forzarme a publicar de nuevo, otro libro, soltando estas hojas que, como hojas de otoño, van adonde el viento las lleve. Así la vida se hace más liviana. No pesa tanto. Se junta. Se compone. Se junta. Se une y se suelta.
Sin tantas normas. Sin tantas reglas. Como un juego. El juego del vivir. Día a día. Un día por vez. Sólo por hoy. ¡Hasta mañana!
(31-05-2026)

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