Esa mañana se había levantado con una alegría extraordinaria. El sur, pensaba, el sur de Cortázar, esto que está aquí, el reino de Dios de Dom Fragoso, esto que está aquí.
Estas recurrencias le acompañaban mientras bajaba las escaleras hacia la planta baja donde estas palabras vienen a tus ojos.
Era como tener de vuelta esa alegría de niño esa alegría que se tiene sin saber que se tiene, pero se tiene, esa alegría que es tuya sólo por estar vivo, sólo por ser quien eres, sólo por estar aquí, en este mundo, en este tiempo, en esta casa, en este lugar, allí donde estés o donde estás, leyendo esto o haciendo cualquier otra cosa.
Bajas la escalera y sabes que ella duerme allá arriba. En algún otro lugar, tanta gente querida, algunos ya del otro lado de esa línea de llegada adonde llegas cuando te vas, adonde llegamos cuando nos vamos, eso que le llaman muerte, que sabes no le puedes escapar, no la puedes gambetear.
Pero puedes gambetear, has gambeteado toda tu vida y la seguirás gambeteando, como tanta gente, la otra muerte, la muerte en vida, la muerte previa, esa muerte en cuentagotas que acecha por todas partes como una invitación al aburrimiento, al cansancio vital, mejor dicho, a ese cansancio mortal que podría sorprenderte en la misma hora en que estar vivo, escribiendo o leyendo estas líneas o haciendo cualquier otra cosa, comenzando un día como éste, no te dijera más nada, no fuera para ti nada más.
Pero si el sur es esto y el reino de Dios está aquí, si eres ese rey del momento, ese señor del instante, ese guerrero del tiempo y la memoria, cada cosa que haces o dejas de hacer, este mismo instante que ya parece estar yéndose hacia algún lugar no sabes cuál ni dónde ni porqué, pero se ha estado yendo siempre y seguirá yéndose, es como correr atrás del viento, es otra vez, como siempre, como tantas veces, simplemente estar aquí y esto ser todo para ti, esto ser para ti lo mejor, lo único posible, la única aventura capaz de darte todo lo que necesitas, todo cuanto quieres y siempre seguirás queriendo, el único tesoro que te ha sido dado desde el origen de los tiempos, el mero hecho de ser feliz por estar vivo, por ser quien eres, la persona única en este planeta que ha tenido los padres que tuviste o que tienes, los hijos e hijas, la esposa, los hermanos y hermanas, los compañeros y compañeras de trabajo y los vecinos, la gente toda alrededor en esa tela increíble que es la existencia.
segunda-feira, 6 de setembro de 2010
sábado, 4 de setembro de 2010
Eran tantos
Eran tantos, tantas memorias, los veías a todos juntos pasar, o de a uno, como en malón.
Te despedirías, pero sin tristeza, y sí con agradecimiento. Había sido bueno ser todos ellos, no siempre, pero siempre aprendiendo en ese giro interminable que llegaba a su fin.
Los veías a todos, en fila o girando, dando vueltas por el universo, formando caminos, corrientes, ríos de vida. Eran los días de tu vida, los que ya has sido, los que eres, los que serás o serías.
Hoy una extraña alegría, tan tuya, tan familiar, al ver la película otra vez, como si fuera la primera vez, o mejor aún, como si nunca antes la hubieras visto, con esa alegría tan tuya.
Quisieras ahora, a la noche, traer al papel lo que eso fuera, la clave de esa alegría que hoy volviera. Y no sabes cómo evocarla, no te preocupas, eres tú mismo, ella está en ti, nunca se fue, nunca se iría.
Hoy todos los caminos de tu vida convergían en ti, eran tú mismo, eras tú el centro de esa rueda infinita girando y girando, dando vueltas sin parar. Tú, el universo. Pensabas en escribir el libro de tu vida, ya escrito tantas veces.
Te despedirías, pero sin tristeza, y sí con agradecimiento. Había sido bueno ser todos ellos, no siempre, pero siempre aprendiendo en ese giro interminable que llegaba a su fin.
Los veías a todos, en fila o girando, dando vueltas por el universo, formando caminos, corrientes, ríos de vida. Eran los días de tu vida, los que ya has sido, los que eres, los que serás o serías.
Hoy una extraña alegría, tan tuya, tan familiar, al ver la película otra vez, como si fuera la primera vez, o mejor aún, como si nunca antes la hubieras visto, con esa alegría tan tuya.
Quisieras ahora, a la noche, traer al papel lo que eso fuera, la clave de esa alegría que hoy volviera. Y no sabes cómo evocarla, no te preocupas, eres tú mismo, ella está en ti, nunca se fue, nunca se iría.
Hoy todos los caminos de tu vida convergían en ti, eran tú mismo, eras tú el centro de esa rueda infinita girando y girando, dando vueltas sin parar. Tú, el universo. Pensabas en escribir el libro de tu vida, ya escrito tantas veces.
Estar
Depois de uma certa idade, apenas estar, já é muito. Talvez algumas pessoas não entendam isto, não saibam o que possa querer dizer. Hoje, rios de vivências, inúmeras lembranças de distintos tempos da tua vida, vinham a ti. Voltavam. Parecia toda tua vida confluindo no agora. Agora, estar te parece tudo, e é. Pensas em quanta coisa já passaste, gente que viste, lugares onde estiveste, coisas que sentiste. Fatos, imagens, sentires. A vida voltando ao começo.
quinta-feira, 2 de setembro de 2010
Sube y baja
Hoy ví una chica de espaldas, bien femenina, vestido pegado al cuerpo. La vi caminando desde atrás, pues pasó a mi lado, y me encantó alegrarme con su pasar. La belleza femenina nos anima. Andaba medio tristón, y me animé al acompañar su pasar, rápida, yendo a algún lugar. La tarde va bajando hacia la noche. Hay días que son así, um sube y baja. Menos mal que uno se alegra, así como se entristece, y en este sube y baja la vida se teje. Recordaba como de pasada toda mi vida, tristezas y alegrías, como un rio que pasa. Y en ese pasar de las aguas, de la película, del río de la vida, ora rio, ora lloro, ora oro, un sol en el cielo como un oro antiguo. Los años oscuros me trajeron a la luz, el desamor al amor. La luz del sol entra por la puerta.
domingo, 29 de agosto de 2010
El hombre calidoscópicio
Sabía ser tantos y uno sólo. Una parte de ese infinito cristal de esa memoria, el Universo, como dice el poema de Borges. Te levantas a estas horas de la madrugada, y empiezas a dejar que la palabra venga, que el río infinito empiece a definirte, hasta donde esto es posible. Lo necesitas. Dejas que desde los confines del universo las telas que te constituyen se vayan tejiendo, hilo a hilo. Conoces el comienzo, allá en la lejana noche de los tiempos. Todos y todas duermen.
Recuerdas a tu madre, tú ya eres. No te puedes definir a no ser como el hombre calidoscópico, alguien que gira con el universo, uno que es un primer motor, alguien que hace girar las estrellas a su alrededor. Recuerdas los primeros tiempos, tus tiempos de niño y de joven, las jornadas que te llevaron a las profundidades insondables de tu propio ser y a la esencia íntima de las flores, de la gente, del cielo, el agua, el fuego, la tierra, todo lo que existe.
Hay cosas de ti que no comprendes ni aceptas, quisieras cambiar, ser diferente. Te apoyas en la sabiduría milenaria de la humanidad y de la creación. Eres parte de ese todo que se crea y se recrea a todo instante, pulsas con el cosmos. Te dejas llevar por la plenitud de esta hora, de cada hora, de todas las horas.
Recuerdas al hermano Damián, al padre Fragoso, tanta gente en tu vida. Todo está contenido en todo, recuerdas. No hay una receta, y las hay todas, a cada instante, eliges caminos nuevos y viejos. Tratas de no repetir errores, te sabes santo y pecador, como todos y todas.
No apuestas en el error ni en la culpa. Buscas la verdad, cambiante, el amor, omnipresente, en ti y en todo lo que existe. El hombre calidoscópico.
Recuerdas a tu madre, tú ya eres. No te puedes definir a no ser como el hombre calidoscópico, alguien que gira con el universo, uno que es un primer motor, alguien que hace girar las estrellas a su alrededor. Recuerdas los primeros tiempos, tus tiempos de niño y de joven, las jornadas que te llevaron a las profundidades insondables de tu propio ser y a la esencia íntima de las flores, de la gente, del cielo, el agua, el fuego, la tierra, todo lo que existe.
Hay cosas de ti que no comprendes ni aceptas, quisieras cambiar, ser diferente. Te apoyas en la sabiduría milenaria de la humanidad y de la creación. Eres parte de ese todo que se crea y se recrea a todo instante, pulsas con el cosmos. Te dejas llevar por la plenitud de esta hora, de cada hora, de todas las horas.
Recuerdas al hermano Damián, al padre Fragoso, tanta gente en tu vida. Todo está contenido en todo, recuerdas. No hay una receta, y las hay todas, a cada instante, eliges caminos nuevos y viejos. Tratas de no repetir errores, te sabes santo y pecador, como todos y todas.
No apuestas en el error ni en la culpa. Buscas la verdad, cambiante, el amor, omnipresente, en ti y en todo lo que existe. El hombre calidoscópico.
sexta-feira, 27 de agosto de 2010
Eva Perón
Quisiera compartir algunas cosas que la figura de Eva Perón me suscita. No conozco mucho de su vida ni de su obra, pero me permito, y creo que lo debo hacer, decir algo a partir de los sentimientos que Eva Perón despierta en mí, esta mañana de agosto en que recuerdo la primera vez que sentí lo que siento al evocar tu presencia, Eva Perón.
Era en los años 1970, la película La Hora de los Hornos. Esa fue la primera vez que vi tu rostro, el rostro de Eva Perón en el balcón de la Casa Rosada, en Buenos Aires. El bombardeo a la multitud en la Plaza de Mayo. Otras mujeres, Eva Perón, reconozco en tu sentir, las mujeres del pueblo, las que vienen de abajo y tienen esa extraña manía de tener fe en la vida. Las que se juegan por su sentir, las que no tienen miedo.
Las madres de Plaza de Mayo. Las madres y mujeres de las clases pobres, que no se doblan, que no se venden. Que no desisten, resisten. Yo no sé dónde estás, Evita, Eva Perón. Pero sé que en la condición femenina, de mujer de lucha, guerrera, noble, entera, que tu figura evoca, muchos vemos lo que es la mujer en la vida del hombre, lo que es la mujer. Creo que el peronismo fue algo para la Argentina, mientras vos vivías. Eras el alma de una justicia que fue verdad, por poco tiempo, y que despertó el rencor y el odio de las clases dominantes.
Tu opción por los pobres no era ideológica ni oportunista. Era tu lealtad a tí misma. Era esa nobleza de quien llegando al poder, no olvida quién es, de dónde viene, su historia, su identidad, su memoria de clase. En esa lealtad, es esa lealtad, la que nos mueve, hoy y siempre, a buscar ser lo que somos, a no vendernos, a no perdernos. La opción por los pobres no significa romantizar ni endiosar a los pobres, pero sí buscar la justicia.
Es reconocer que todos somos pobres en algo, y ricos en algo, como enseña Adalberto Barreto, el creador de la Terapia Comunitaria. Es saber que todos somos aprendices, como enseña Paulo Freire. Es saber que el mundo será mundo, humano, hermano, cuando seamos capaces de cumplir en nuestra vida, la voluntad de Dios, como San Francisco de Asís, como Gandhi, como John Lennon, como cada persona en este mundo que se siente parte de lo creado.
Era en los años 1970, la película La Hora de los Hornos. Esa fue la primera vez que vi tu rostro, el rostro de Eva Perón en el balcón de la Casa Rosada, en Buenos Aires. El bombardeo a la multitud en la Plaza de Mayo. Otras mujeres, Eva Perón, reconozco en tu sentir, las mujeres del pueblo, las que vienen de abajo y tienen esa extraña manía de tener fe en la vida. Las que se juegan por su sentir, las que no tienen miedo.
Las madres de Plaza de Mayo. Las madres y mujeres de las clases pobres, que no se doblan, que no se venden. Que no desisten, resisten. Yo no sé dónde estás, Evita, Eva Perón. Pero sé que en la condición femenina, de mujer de lucha, guerrera, noble, entera, que tu figura evoca, muchos vemos lo que es la mujer en la vida del hombre, lo que es la mujer. Creo que el peronismo fue algo para la Argentina, mientras vos vivías. Eras el alma de una justicia que fue verdad, por poco tiempo, y que despertó el rencor y el odio de las clases dominantes.
Tu opción por los pobres no era ideológica ni oportunista. Era tu lealtad a tí misma. Era esa nobleza de quien llegando al poder, no olvida quién es, de dónde viene, su historia, su identidad, su memoria de clase. En esa lealtad, es esa lealtad, la que nos mueve, hoy y siempre, a buscar ser lo que somos, a no vendernos, a no perdernos. La opción por los pobres no significa romantizar ni endiosar a los pobres, pero sí buscar la justicia.
Es reconocer que todos somos pobres en algo, y ricos en algo, como enseña Adalberto Barreto, el creador de la Terapia Comunitaria. Es saber que todos somos aprendices, como enseña Paulo Freire. Es saber que el mundo será mundo, humano, hermano, cuando seamos capaces de cumplir en nuestra vida, la voluntad de Dios, como San Francisco de Asís, como Gandhi, como John Lennon, como cada persona en este mundo que se siente parte de lo creado.
Presente!
Ya ha empezado el día. Ela duerme. Oyes las gotas de lluvia cayendo y haciendo distintos ruidos, como lo has estado haciendo en este invierno. El ruido de un auto a lo lejos. ¡Cuánta vida ha pasado! ¡Cuánta pasará aún! Más temprano, sentías tu respiración. Anoche, el libro de meditación. Estar presente en el presente. ¡Presente! Si quisieras jugar –y jugarías, nunca dejarías de jugar—dirías a ti mismo que este es el presente que te ha sido dado, o que tú mismo te das, constantemente. Estar presente a ti, como dijera aquél poema que tu madre te diera. ¿Qué es estar presente sino estar atento? No quieres dejar este juego de poner letras delante de tus ojos, dejar que ellas vengan desde algún lugar a decirte cosas, a decirle cosas a quienes esto lean. Ser niño, piensas. Ser niño es vivir en ese eterno tiempo feliz que no se sabe tiempo ni eterno ni feliz, pero es eterno y es feliz. Un niño no piensa e la muerte, no se preocupa con la gente que no le gusta ni con nada. Vive, es feliz sin saberlo. Un pájaro canta. Estás aquí. Eres feliz, niño.
Assinar:
Postagens (Atom)