Alguna vez Fernando Pessoa, célebre por sus heterónimos, dijera: ¿Me habré transformado en nación? Alguien que creo que era León Rozitchner, escribió en La Nación, que Fernando Pessoa tiró abajo el mito de la identidad.
Saber esto hace bien, pues no es necesario creerse esquizofrénico para saber que uno es muchos. Y vos, ¿cuántos sos?
Cuando era, chico, me gustaban los chistes de Carlitos, que aparecían entre una historieta y la otra, en una revista de cuyo nombre prefiero no acordarme. Carlitos se disfrazaba, o mejor dicho, era distintos personajes. Ya andaba de avión con una caja en la cabeza, ya andaba en un auto que él mismo fabricaba, con una caja o con lo que tuviera a mano.
Este saberte muchos, lejos de ser una enfermedad, es un principio de salud y de sabiduría. Los que hacen teatro lo deben experimentar. De alguna manera, se disocian de un ser muy pegado a su esencia por lo cotidiano, por la fuerza de la rutina. Liberan su ser en el reconocimiento de la diversidad que anida en el interior de cada uno de nosotros.
Leo en Leonardo Boff sobre esta misma diversidad que existe en cada persona, cosa que los antiguos chinos ya conocían, los alquimistas y esotéricos también. Los 12 signos del zodíaco, sea occidental o chino, con sus subtipos, crean una fantástica diversidad hacia afuera y hacia adentro de cada ser humano.
Hoy se habla mucho de diversidad, mientras mucha gente insiste en aprisionarse en rótulos de los cuales un día deberá intentar zafase, si quiere conocerse de verdad, en el constante cambio de identidades que se procesa en cada persona.
domingo, 12 de setembro de 2010
Mundo literario
Andaba por entre los libros como quien anda por un universo propio. No porque pensara en ellos, o en sus historias o en los autores de sus páginas, sino porque entre él y los libros había una continuidad. Eran una sola cosa. Andaba por entre los libros como quien anda por los pasillos de sí mismo. Talvez fuese una de sus ciudades predilectas.
Allí no había conflictos que no pudieran resolverse con dar vuelta la página. Este expediente tan sencillo ponía fin a cualquier drama, a cualquier sufrimiento o desentendimiento. Era una ciudad de libros. Él andaba por las páginas etéreas de ese mundo, como una letra que recorres con tus ojos, un renglón en que te descubres. Abres una de esas puertas por donde andas, y vas a lugares dentro de tí mismo y del mundo exterior.
Todo está allí. Tú eres eso.
Allí no había conflictos que no pudieran resolverse con dar vuelta la página. Este expediente tan sencillo ponía fin a cualquier drama, a cualquier sufrimiento o desentendimiento. Era una ciudad de libros. Él andaba por las páginas etéreas de ese mundo, como una letra que recorres con tus ojos, un renglón en que te descubres. Abres una de esas puertas por donde andas, y vas a lugares dentro de tí mismo y del mundo exterior.
Todo está allí. Tú eres eso.
Mundo literario
Andaba por entre los libros como quien anda por un universo propio. No porque pensara en ellos, o en sus historias o en los autores de sus páginas, sino porque entre él y los libros había una continuidad. Eran una sola cosa. Andaba por entre los libros como quien anda por los pasillos de sí mismo. Talvez fuese una de sus ciudades predilectas.
Allí no había conflictos que no pudieran resolverse con dar vuelta la página. Este expediente tan sencillo ponía fin a cualquier drama, a cualquier sufrimiento o desentendimiento. Era una ciudad de libros. Él andaba por las páginas etéreas de ese mundo, como una letra que recorres con tus ojos, un renglón en que te descubres. Abres una de esas puertas por donde andas, y vas a lugares dentro de ti y del mundo exterior.
Todo está allí. Tú eres eso.
Allí no había conflictos que no pudieran resolverse con dar vuelta la página. Este expediente tan sencillo ponía fin a cualquier drama, a cualquier sufrimiento o desentendimiento. Era una ciudad de libros. Él andaba por las páginas etéreas de ese mundo, como una letra que recorres con tus ojos, un renglón en que te descubres. Abres una de esas puertas por donde andas, y vas a lugares dentro de ti y del mundo exterior.
Todo está allí. Tú eres eso.
sábado, 11 de setembro de 2010
La canción de mi vida
Escribiría una canción que fuera la canción de mi vida. Una que dijera en pocas palabras y con todo sentimiento, lo que fue mi vida, lo que sentí a lo largo y a lo ancho de mis días. Una que te contara cantando las cosas que ví y que viví mientras rodaba por la vida como una piedra en el río. Miraba una película y recordaba mis años mozos, las canciones de rock y semejantes, los movimientos por la paz y el amor. La canción diría lo que fue esta vida que gira y da más vueltas, una vida que fue y es melodía y lo será mientras haya vida en el planeta. Una canción de amor a lo que existe, las flores, ruiseñores, cielos y mares y cuanto de bello hay en la tierra. Cantaría aún a lo que nos hiere, a lo que nos duele, pues de allí nacen flores. Sería la canción más bella que pudieras escuchar, y sería también la canción de lo que anida en tus entrañas queriendo nacer. Una canción que te hace vivir, pues es la canción de la vida, de mi vida, de tu vida, de todo lo que tiene ritmo y amor.
sexta-feira, 10 de setembro de 2010
El hombre mandálico
El hombre mandálico, el hombre calidoscópico, el hombre mosaico, tenía varios nombres, pero era uno sólo y el mismo. Ciertamente te has encontrado con él andando por ahí. Con certeza, en algo te le pareces. En alguna medida, todos somos él.
Pero déjame decirte algunas cosas, no porque no las sepas, sino solamente porque en esta mañana nublada, siento necesidad de decirlas. Una de sus características más notables es que en él todo se reúne. Él es una síntesis de todo lo que es, fue, y será.
En cada instante de su vida confluyen pasado, presente y futuro. Todas las galaxias, los lugares, las personas, los libros, los ríos, los hechos, se dan cita en el hombre mandálico, calidoscópico, mosaico, sintético.
No creas que le es fácil ser como es, muchas veces es de enloquecer, pues nunca sabe exactamente qué está pasando, qué elegir, qué decir o no decir. No porque no sepa qué decir, no me entiendas mal, pero es que tantaas cosas pasan por él en un instante, que a veces lo ves con la mirada distante, en otro lugar.
No está ajeno, está viajando quién sabe por dónde, pero está allí, en ese mismo lugar donde lo encuentras. Se divierte con su naturaleza especial, extraña, sin igual. Libros antiguos dicen que alguien así nace uno en un millón de años. Hoy, por ejemplo, se divertía dándose cuenta de lo que se gana cuando se pierde.
Nadie gana siempre, esto es algo que todos debiéramos saber. Pero si alguien nos roba, lamentamos. De pronto, agradecemos, pues recibimos más de lo que nos robaron. El universo es curioso. Procede de maneras contradictorias. Muchas veces no sabes qué hacer, por qué hacer o no hacer, si vas a salir a la calle o quedarte en casa a dormir o a leer un libro para la reunión del jueves.
Talvez esta indecisión sea la mejor manera de vivir en un mundo cambiante, en un universo en que a todo momento las cosas cambian de lugar. Eres una antena, una reunión de líneas de todo tipo que en ti convergen y de ti divergen. No sufras por lo que es un don singular.
Muchos querrían ser como tú, y talvez un día lo sean, si se dejan llevar como tú, por las olas de la vida, por el movimiento de lo que existe. Sabes que un día haz de llegar a la puerta final, nadie escapa de este destino. En verdad, la hermana muerte corporal es apenas el comienzo de otra vida.
Ella anda por todas partes, como tú, que sales de mañana a la calle y ves la gente, las flores, las casas, el cielo, oyes los pájaros y el sonido del tránsito. Muerte y vida juegan en ti, muerte y resurrección, la fuerza de la vida. Eres el hombre mandálico, disfrútalo.
Pero déjame decirte algunas cosas, no porque no las sepas, sino solamente porque en esta mañana nublada, siento necesidad de decirlas. Una de sus características más notables es que en él todo se reúne. Él es una síntesis de todo lo que es, fue, y será.
En cada instante de su vida confluyen pasado, presente y futuro. Todas las galaxias, los lugares, las personas, los libros, los ríos, los hechos, se dan cita en el hombre mandálico, calidoscópico, mosaico, sintético.
No creas que le es fácil ser como es, muchas veces es de enloquecer, pues nunca sabe exactamente qué está pasando, qué elegir, qué decir o no decir. No porque no sepa qué decir, no me entiendas mal, pero es que tantaas cosas pasan por él en un instante, que a veces lo ves con la mirada distante, en otro lugar.
No está ajeno, está viajando quién sabe por dónde, pero está allí, en ese mismo lugar donde lo encuentras. Se divierte con su naturaleza especial, extraña, sin igual. Libros antiguos dicen que alguien así nace uno en un millón de años. Hoy, por ejemplo, se divertía dándose cuenta de lo que se gana cuando se pierde.
Nadie gana siempre, esto es algo que todos debiéramos saber. Pero si alguien nos roba, lamentamos. De pronto, agradecemos, pues recibimos más de lo que nos robaron. El universo es curioso. Procede de maneras contradictorias. Muchas veces no sabes qué hacer, por qué hacer o no hacer, si vas a salir a la calle o quedarte en casa a dormir o a leer un libro para la reunión del jueves.
Talvez esta indecisión sea la mejor manera de vivir en un mundo cambiante, en un universo en que a todo momento las cosas cambian de lugar. Eres una antena, una reunión de líneas de todo tipo que en ti convergen y de ti divergen. No sufras por lo que es un don singular.
Muchos querrían ser como tú, y talvez un día lo sean, si se dejan llevar como tú, por las olas de la vida, por el movimiento de lo que existe. Sabes que un día haz de llegar a la puerta final, nadie escapa de este destino. En verdad, la hermana muerte corporal es apenas el comienzo de otra vida.
Ella anda por todas partes, como tú, que sales de mañana a la calle y ves la gente, las flores, las casas, el cielo, oyes los pájaros y el sonido del tránsito. Muerte y vida juegan en ti, muerte y resurrección, la fuerza de la vida. Eres el hombre mandálico, disfrútalo.
quarta-feira, 8 de setembro de 2010
Tanta vida en un día
Esa tarde no tenías nada que hacer, así, te pones a escribir o, mejor dicho, dejas que las palabras vengan, como siempre vienen, como no dejarían nunca de venir. La casa está sola, pero tú no. Nunca estarías solo delante de una hoja de papel, aún de estas hojas de hoy, de vidrio, de cristal, bits, no sabes. Oyes los sonidos de la cocina que vienen, el carro de sonido acercándose con su música alta, y empiezas a bajar a la hoja, a aterrizar aquí y ahora, en este instante fugaz que te remite al infinito de donde vienes y adonde volverás un día. Recuerdas el almuerzo en la casa de tu suegra, donde aún la presencia de Seu Chico se deja sentir. Dormiste. Los fideos, el arroz, el pescado, la carne. La siesta después de la comida, el cafecito, la risa de Gilda, la universidad a la mañana y a la tarde. La ida a la casa antigua, el portón con cierre electrónico, las mujeres de la calle, el corretor de imóveis. Tanta vida en un día. Y aquél libro de Paulo Freire, la charla con tu amigo del grupo formativo, el hermano Damián. Tanta vida. Paulo Freire. Meditación. Quincas Borba. La charla con tu padre, ese sol, ese titán. Algo en ti re recoge en estas líneas, a esta hora, ahora. Dejas que el día conlfuya hasta este instante. Las chicas en la universidad, en la sala, en el piso, sentadas. La chica que te miró sonriente esta mañana cuando caminabas por la playa, o mejor dicho, por el calçadão, esquivando la lluvia, como todo el mundo. Tanta vida en un día. Tanto es la vida. No tienes palabras para decirlo. Va bajando la tarde. Pensabas en ella, haberla conocido, estar a su lado, ser su compañero. Tampoco sabes qué decir del amor. Paulo Freire te invita a un mundo de quietud, de recogimiento, de esperanza. No sabes. Dejas la vida venir.
segunda-feira, 6 de setembro de 2010
Libros son puertas
Libros son puertas, son casas, son lugares. Pero no como las casas donde entras y hay cuartos y techo y paredes. Lugares, pero no sólo como los lugares que conoces, y sí también lugares de sueño. Recuerdas las puertas de las casas de cartón de cuando eras chico. Las puertas de las casas y lugares donde viviste.
Pasaste la vida pasando puertas, yendo a lugares diferentes, para volver al lugar de donde nunca te habías ido. Vas abriendo las tapas de los libros y de los cuadernos, los cuadernos con puertas a lugares que creas, que vas conociendo a medida que vas escribiendo o leyendo. Escribiendo y leyendo.
Recuerdas los primeros cuadernos y los primeros libros por donde fuiste a lugares. Las casas que conociste en esos viajes. Los lugares por donde anduviste en tu vida. Las flores, los cielos, los olores, los cantos, al gente, los mares, los ríos, lo que viviste en toda tu vida lo lees como si lo estuvieras viviendo en este mismo instante.
Toda tu vida en esta hoja, en esta puerta, en este lugar, en esta casa donde estás ahora escribiendo estas cosas, esta noche, en este país, esta ciudad, esta silla, este computador, a esta precisa hora de la noche en que intentas poner fin a estos escritos que vienen porque quieren, porque no tienes nada mejor que hacer a no ser dejarlos venir y los ves viniendo y van bajando de los renglones de la memoria y de la vivencia y todo es un hilo que te vuelve al comienzo del ovillo.
Pasaste la vida pasando puertas, yendo a lugares diferentes, para volver al lugar de donde nunca te habías ido. Vas abriendo las tapas de los libros y de los cuadernos, los cuadernos con puertas a lugares que creas, que vas conociendo a medida que vas escribiendo o leyendo. Escribiendo y leyendo.
Recuerdas los primeros cuadernos y los primeros libros por donde fuiste a lugares. Las casas que conociste en esos viajes. Los lugares por donde anduviste en tu vida. Las flores, los cielos, los olores, los cantos, al gente, los mares, los ríos, lo que viviste en toda tu vida lo lees como si lo estuvieras viviendo en este mismo instante.
Toda tu vida en esta hoja, en esta puerta, en este lugar, en esta casa donde estás ahora escribiendo estas cosas, esta noche, en este país, esta ciudad, esta silla, este computador, a esta precisa hora de la noche en que intentas poner fin a estos escritos que vienen porque quieren, porque no tienes nada mejor que hacer a no ser dejarlos venir y los ves viniendo y van bajando de los renglones de la memoria y de la vivencia y todo es un hilo que te vuelve al comienzo del ovillo.
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