domingo, 23 de setembro de 2012
Presente
Estoy vivo, pensó, y eso es lo que importa. Si estoy sano o enfermo, contento o triste, preocupado, con culpas, ansioso o como sea, es secundario. Todo lo que viví hasta ahora dio como resultado este ser que soy yo, que está aquí, ahora, escribiendo estas cosas. Al borde, por así decir, de una especie de pared de cristal transparente que es lo que separa la vida de la muerte, si es que están separadas, si es que no hay una continuidad entre lo que fue, ese pasado con errores y desvíos, dolores y triunfos, sueños míos y de mis ancestrales, sueños colectivos y personales, que dieron como resultado este presente, este instante al borde de la eternidad. Miro los días pasados, tantos días, tantos lugares, tantas noches y caminos, ríos, montañas, ciudades, miedos, luchas, esperanzas, expectativas, amores, y este instante de ahora, este preciso momento en que pongo estas letras, es el resultado de todo eso, y apunta a otra continuidad no menos asombrosa que se extiende hacia adelante, hacia todas las direcciones. Estoy vivo, lo demás es secundario, esto es lo posible, esto es todas las posibilidades. La de renacer, la de transparentarme con la pared de cristal y simplemente pasar a la hoja del libro de la vida y allí quedar como tantos y tantas ya quedaron, y otros tantos y tantas quedarán, mientras haya vida, mientras haya esta continuidad articulada y admirable que es la existencia.
sexta-feira, 21 de setembro de 2012
Construyendo
Cuando escribo, hago mío el mundo alrededor, y el mundo interno y externo se unifican de manera creativa y cambiante. Vivo en un mundo que en buena medida he ido creando a lo largo de los años, a medida que me fue siendo dado ir construyendo mi propio lugar en el mundo. Entonces ya no es el mundo dado, el mundo que alguien dice que está ahí, y del modo como otros dicen que está ahí, o del modo como alguien dice que debería ser. Es, o mejor dicho, está siendo, va siendo, de formas mías que son también formas compartidas, formas que he ido aprendiendo con mis padres y con mi esposa, con algunos amigos, con la cultura y la historia, con la literatura y la poesía. Sobre todo la literatura y poesía, esos terrenos comunes, donde todo está unido y se comparte. Lo que voy viviendo, en parte es creado, lo voy haciendo o ya lo hice y en él me incluyo, entro en lo que está aquí ahora. El mundo ya no me es tan ajeno, o no me es en absoluto ajeno. Esto no es fijo, constante. Cambia, como todo. Hay días de una extrañeza total, donde todo es raro y yo más que todo, y días en que todo es tan unido, todo es tan una sola cosa hermosa que contiene a todos y a todas las cosas. Jorge Luis Borges decía que los libros son extensiones de la memoria y de la imaginación. Julio Cortázar decía que la literatura deshace la falsa objetividad creada por la intelectualidad raciocinante y por la cosificación cotidiana. Esto está al alcance de todo el mundo.
quinta-feira, 20 de setembro de 2012
Ordenándote
Alguna cosa se empieza a ordenar en mí cuando empiezo a escribir, cuando empiezo a ver las letras que van apareciendo delante de mis ojos. No sé si a vos te pasa algo así por el estilo. No sé si es por todo el tiempo que he pasado e mi vida, leyendo y escribiendo, que las palabras y las letras me dicen cosas aún cuando callan. Aún cuando no dicen nada, están hablando. Y para que veas que no es sólo una manera de decir, o un juego de palabras, un efecto o cosas que se parezca, te cuento que esto que te digo es la pura verdad, che pibe o piba. Cuando leo o escribo, se me viene mi historia otra vez. Me recupero, me tengo de vuelta. No sé si te pasa esto también haciendo alguna cosa, o muchas cosas. Tal vez cada persona tenga sus propias maneras de tenerse de vuelta. Lo de las letras y las palabras, para mí es lo más directo, lo más efectivo. No importa dónde escriba, o qué esté leyendo, o si estoy leyendo de hecho o de hecho escribiendo. Estoy siempre leyendo y escribiendo. Lo de Paulo Freire, leerse en la escritura del mundo. Lo de Jorge Luis Borges, darse cuenta de que todo es una letra de la eterna escritura indescifrable cuyo libro es el tiempo. Lo silencios también hablan, no sé si te has dado cuenta. Por no solamente hablan los silencios de callarse, de no decir nada, de no escuchar nada. Hay un silencio sólido, unificante, que une todas las cosas, que conecta todo con todo, que contiene todo. De pronto podés darte cuenta de que todo está contenido en el silencio. El silencio como que contiene todas las cosas. A veces uno se calla, pero se calla también por dentro, o mejor aún, escucha, escucha el mundo y la vida, se escucha. Te escuchas y ese escuchar es más que silencio. Es un supra-silencio. No hay necesidad de estar hablando todo el tiempo consigo mismo, ni, mucho menos con los demás. Uno puede escuchar, y escuchar te dice muchas cosas. Los silencios te conectan, unen todas las cosas. Uno no puede todo, ni todo lo que uno puede es bueno, ni cualquier tiempo es bueno para cualquier cosa. Las cosas tienen su tiempo y uno tiene su tiempo también.
terça-feira, 18 de setembro de 2012
Caminando
A veces te sientes un poco cansado. A punto de naufragar, si quisieras exagerar. Pero no tanto. Un poco de cansancio nomás. Pero el mágico ritual de ir poniendo letras una al lado de la otra, tienen el efecto inmediato de irte devolviendo un poco de energía. Ahora a la tarde ibas por las veredas del barrio rumbo al mercadito. Y veías las veredas de piedra y de baldosas, unas con flores al lado, en jardines, otras al lado de muros. Ibas caminando y pensabas cómo la vida, lo que existe, es literario. Caminas por las páginas de un libro. Es más entretenido así. De pronto te viste en una página que se extendía adoptando la forma exacta de todo lo que te rodeaba, la calle, la gente, los autos, los jardines, las veredas, los pájaros, los postes con cables, la panadería, la inmobiliaria, el restaurante, la gente caminando. Y tú allí, en medio de ese escrito que era todo lo que existía. Caminar, escribir, reponen energías, vida.
domingo, 16 de setembro de 2012
Dominó literario.
Muchas veces, al leer, vienen evocaciones de otros libros leídos, trechos de otros autores o autoras. A veces es una palabra, o lo dicho en una frase; entonces me disperso, voy al otro libro, a la otra historia, a otro autor o autora. Así, muchas veces dejo lo que estoy leyendo, porque me fui por corredores y pasillos, patios y ventanas, puertas y caminos que fueron apareciendo en la lectura.
quarta-feira, 12 de setembro de 2012
Silencio unitivo
Puede haber un silencio. Un silencio no es sólo nada. Un silencio no es nada. Un silencio es algo que te acoge, que te recibe. Es el lado unitivo de la vida. Puede haber un silencio, si por un momento cierras los ojos y oyes todo lo que te rodea. Pero puedes oír no sólo con los oídos. Puedes oír con todo tu cuerpo, con todo tu ser. Hoy me quedé un rato, meditando. Oyendo el sonido del silencio. Oyendo el silencio en el mundo y en mí. Había ruidos, dentro y fuera, pero se fueron borrando, se fueron apagando, cada vez más tenues, hasta que quedó aún sólo el silencio. Sólo el silencio, en medio del ruido. Entonces me di cuenta de que puede haber silencio, de que puede haber un silencio, y que este silencio no es ausencia de ruidos. Este silencio es unidad, es la costura total de todo.
Dilución literaria
Algunas veces cierras los ojos y ves el mundo de letras en el que has sido formado. Se alinean los libros que leíste, los que oíste contados por tu madre. Los que viste en las vitrinas de las librerías. Los que hojeaste en las librerías de usados. Los que consultaste en las bibliotecas públicas, en distintas épocas de tu vida. Los que le llevabas a tu abuela, los que le leías a tu otra abuela. Los que has escrito, los que sigues leyendo, en los mensajes de tus lectoras y lectores. Los que todo el mundo va escribiendo, como tú mismo, por donde vas, con tus gestos, tu presencia. Por ahí te llama la atención el modo como algunas personas te tratan. Con una deferencia. Tratas de tratar bien a cada persona. Hoy a la tarde, en la sala de espera de la dentista, pensabas qué buena compañía son los libros. No importa si los lees o no. Me refiero sobre todo a los libros de literatura, aunque eventualmente algún libro espiritual también puede estar incluido en esta mención. Los libros te acompañan, te reciben, abren un lugar para ti. Son como puertos o golfos, lugares donde puedes refugiarte siempre que lo quieras o necesites. No necesitas ni leerlos. Basta tenerlos cerca. A veces llevas un libro contigo y no lo lees, pero su presencia te acompaña. Lees de maneras diferentes. A veces concentrado, pero más frecuentemente, con una especie de distracción, donde no te importa demasiado el enredo, los nombres o lo que se dice, sino la manera como se va diciendo, los modos como la historia te va envolviendo hasta raptarte del todo de esta realidad cotidiana, para llevarte a una inmensidad ilimitada donde te encuentras con tantos otros libros y personajes que has ido leyendo a lo largo de tu vida. O que has ido siendo a lo largo de tus días. Así, al final, los libros y tú, se van diluyendo mutuamente en una especie de niebla que a cualquier hora del día o de la noche, se expende indefinidamente.
Foto: José Hernández, autor del Martín Fierro.
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