Pocas preguntas son tan
frecuentes y molestas como ésta. Frecuente, porque son incontables
las veces por día que nos la hacemos. ¿Voy al cine o al teatro?
¿Barro la vereda o no? ¿Me levanto a escribir estas cosas o lo dejo
para mañana? ¿Publico o guardo? Y la lista se extiende. Y digo que
la pregunta es molesta porque nos obliga a estar decidiendo todo el
tiempo, lo cual da un trabajo bárbaro. Pero esto es inevitable, si
es que aún somos seres humanos. Si fuéramos máquinas, la cosa casi
no se presentaría, o estaría reducida al mínimo: seguiríamos un
programa automático, con pocas alternativas para elegir. Entonces,
por más molesta que te pueda parecer la pregunta, es mejor que te la
sigas haciendo. ¿No te parece? Lo otro no es un buen camino. La
maquinización no nos conviene a los humanos.
sábado, 19 de julho de 2014
quinta-feira, 17 de julho de 2014
Integración literaria
Nunca
me cansaré de enfatizar cuánto le debo a la interacción con
algunas personas que leen mis textos, y que se toman el trabajo de
comunicarse con el autor. Este feedback, esta devolución, realimenta
la construcción colectiva de espacios de integración, de liberación
de prisiones mentales y emocionales. El
capitalismo exacerba los distanciamientos, exagera las diferencias en
lo que ellas tienen de oposición entre las personas, entre los modos
de pensar, entre las culturas. Nuestro caminar va en el sentido
contrario. Siempre admiré a los autores y a las autoras que me
incluían en sus relatos, en sus libros. Yo
podía verme en las narrativas de Ray Bradbury y de Howard Philips
Lovecraft, del mismo modo como me sentía incluído, sobre todo, en
las canciones de Los Beatles. Con el pasar del tiempo, fui
desarrollando el escribir como forma de integración en mí mismo, de
mí mismo, y en el mundo, con el mundo alrededor. Rompiendo
la separatividad, de manera lúdica, dialógica, constructiva. Esto
no fue muy bien visto en la llamada academia, donde la mediocracia y
el apego al poder y al dineiro prevalecen, con raras y honrosísimas
excepciones, generando estilos comunicacionales excluyentes,
restrictivos, un cierto lenguaje que los ghettos corporativos llaman
científico. La
cientificidad no tiene nada que ver con la exclusión. Al contrario.
En las avanzadas de la ciencia, las visiones y formas de conocimiento
confluyen. El saber científico y las cosmovisiones religiosas
convergen, más allá de las tentativas de privatización excluyente. El
saber popular, la sabiduría de las personas comunes (y todos y todas
somos personas comunes) y los saberes artísticos, prácticos, etc,
son otras tantas avenidas que confluyen para proporcionar a los seres
humanos, formas de apropiación del mundo que puedan llevar a una
vida más feliz, más plena, más cooperativa. En el escribir ocurre
lo mismo. Hay
quien escriba para no ser comprendido o comprendida. Y en las
relaciones personales también: hay quien se esfuerce para no ser
comprendido o comprendida. Por eso, siempre admiré y me gustó, me
gustóa mucho y continúa gustándome, cada vez más, la escritura
inclusiva, dialógica. Aquella
que se establece desde la horizontalidad de los saberes. La que
construye espacios de interacción en los cuales las diferencias sean
(o puedan llegar a ser) enriquecedoras, y no necesariamente
disociadoras. No
concibo mi vida sin los libros que leí, sin los libros que mi madre
nos leía cuando niños. Esos libros me fueron dando la certeza de
que yo tenía un lugar en el mundo, de que yo podía y puedo ser. Tal
como las canciones de Los Beatles.
domingo, 13 de julho de 2014
Argentina: hay una posibilidad
Faltan pocas horas para que se defina cuál será el equipo de futbol campeón mundial. Estoy muy lejos de ser lo que se podría decir un fanático de este deporte. Casi se podría afirmar lo contrario. Pero en estos días en que me está siendo dado vivir en la Argentina el período más largo que he permanecido dentro de sus fronteras desde que me vi obligado a emigrar en 1977, estoy teniendo la posibilidad de procesar algunos sentimientos que se habían quedado presos en el tiempo.
Recuerdo que leí, en 1999, un informe de la OPAS-OMS intitulado "La salud mental en el mundo." En él se analizaban las consecuencias de los regímenes de terrorismo de estado, tal como el implantado en la la Argentina a partir de 1976, sobre la moral de la población. Una frase en particular, me quedó en la memoria, al leer el extenso informe de la organización internacional dedicada a la salud.
Se refería a la dificultad de que las poblaciones sometidas a las prácticas terroristas como las impuestas por el Estado argentino en ese entonces (así como en Brasil a partir de 1964, en Chile después de 1973, en Uruguay etc) pudiesen recuperarse de las secuelas morales derivadas de la imposición del miedo como práctica política desde el poder.
Secuestros, tortura, desapariciones, la mentira como política de Estado. Han pasado muchos años desde ese entonces. Pero no tanto que se puedan haber borrado las secuelas del miedo. Todavía quedan memorias de esos tiempos. Y las memorias del miedo que se nos impuso entonces, no se revierten facilmente. Pero es posible. Y es en esta posibilidad en la que creo que vale la pena apostar.
Hacía muchos años que yo no hinchaba por el triunfo de una selección argentina de futbol en un campeonato mundial. La última vez fue en 1978. Yo me encontraba viviendo en São Paulo como tantos otros compatriotas emigrados. Necesitábamos una alegría. La Argentina necesitaba una alegría, en medio de la atroz dictadura cívico-militar que imperaba.
Han pasado muchos años desde 1978. Pero los argentinos y las argentinas continuamos necesitando de una alegría. Esta alegría puede venir de un campo de futbol. No estaría nada mal, talvez como una forma de celebrar los 31 años de vida en democracia. Pero nadie sabe cual será el resultado de este juego que se llevará a cabo en el Maracanã.
Lo que importa, lo que quiero enfatizar aquí, es que esta alegría que esperamos que nazca de un triunfo deportivo esta tarde, puede y debe ser una alegría que nos ayude a vernos de otra manera como nación, como pueblo, como gente. Que podamos vernos otra vez como gente capaz de movilizarse colectivamente para construír una nación de verdad, más allá de los partidos y de los gobiernos.
Una nación de gente que sabe que puede, que puede construir formas de convivencia social más amorosas y justas, más fraternas, barriendo de nuestro cotidiano el autoritarismo, la explotación y la violencia. Necesitaba decir estas cosas y las dije. Es una forma de ir apostando en esta posiblidad a la que me refería al comienzo de estas consideraciones.
Es posible vivir sin miedo. Es posible y es necesario vivir con fe y con alegría. Es necesario vivir con fe y con alegría. Puede ser la alegría de un triunfo futbolístico, pero puede ser también la simple alegría de vivir. Estar feliz por estar vivo. Nada más ni nada menos que eso.
Recuerdo que leí, en 1999, un informe de la OPAS-OMS intitulado "La salud mental en el mundo." En él se analizaban las consecuencias de los regímenes de terrorismo de estado, tal como el implantado en la la Argentina a partir de 1976, sobre la moral de la población. Una frase en particular, me quedó en la memoria, al leer el extenso informe de la organización internacional dedicada a la salud.
Se refería a la dificultad de que las poblaciones sometidas a las prácticas terroristas como las impuestas por el Estado argentino en ese entonces (así como en Brasil a partir de 1964, en Chile después de 1973, en Uruguay etc) pudiesen recuperarse de las secuelas morales derivadas de la imposición del miedo como práctica política desde el poder.
Secuestros, tortura, desapariciones, la mentira como política de Estado. Han pasado muchos años desde ese entonces. Pero no tanto que se puedan haber borrado las secuelas del miedo. Todavía quedan memorias de esos tiempos. Y las memorias del miedo que se nos impuso entonces, no se revierten facilmente. Pero es posible. Y es en esta posibilidad en la que creo que vale la pena apostar.
Hacía muchos años que yo no hinchaba por el triunfo de una selección argentina de futbol en un campeonato mundial. La última vez fue en 1978. Yo me encontraba viviendo en São Paulo como tantos otros compatriotas emigrados. Necesitábamos una alegría. La Argentina necesitaba una alegría, en medio de la atroz dictadura cívico-militar que imperaba.
Han pasado muchos años desde 1978. Pero los argentinos y las argentinas continuamos necesitando de una alegría. Esta alegría puede venir de un campo de futbol. No estaría nada mal, talvez como una forma de celebrar los 31 años de vida en democracia. Pero nadie sabe cual será el resultado de este juego que se llevará a cabo en el Maracanã.
Lo que importa, lo que quiero enfatizar aquí, es que esta alegría que esperamos que nazca de un triunfo deportivo esta tarde, puede y debe ser una alegría que nos ayude a vernos de otra manera como nación, como pueblo, como gente. Que podamos vernos otra vez como gente capaz de movilizarse colectivamente para construír una nación de verdad, más allá de los partidos y de los gobiernos.
Una nación de gente que sabe que puede, que puede construir formas de convivencia social más amorosas y justas, más fraternas, barriendo de nuestro cotidiano el autoritarismo, la explotación y la violencia. Necesitaba decir estas cosas y las dije. Es una forma de ir apostando en esta posiblidad a la que me refería al comienzo de estas consideraciones.
Es posible vivir sin miedo. Es posible y es necesario vivir con fe y con alegría. Es necesario vivir con fe y con alegría. Puede ser la alegría de un triunfo futbolístico, pero puede ser también la simple alegría de vivir. Estar feliz por estar vivo. Nada más ni nada menos que eso.
sábado, 12 de julho de 2014
Ordenándose
Cuando escribo, todo se va ordenando.
Los pensamientos y los sentimientos están aquí. Y aquí está lo
bueno, lo que quiero. El amor de mi esposa y compañera. El cariño
de toda mi familia, los que están y los que se fueron. El afecto de
mis amigos. El reconocimiento de las personas simples, que siempre me
alegra. Entonces todo está bien. Todo siempre estará bien mientras
escriba. Mientras escribo. Cuando me pongo a escribir todo se va
ordenando. Todo está en su lugar y todo es como debe ser.
Escribiendo.
quinta-feira, 3 de julho de 2014
Recuperación
La escucha interior. Hoy me dí cuenta
de que hace ya bastante tiempo, vengo teniendo una relación de mayor
aceptación de mí mismo. Esto se da sobre todo, a través de
diálogos internos más amenos y amigables. Es como si, después de
un largo tiempo de auto-exclusión, estuviera ahora finalmente
anidándome en la persona que soy. Aceptando ser el ser que soy. Y
para esto ayudan algunas preguntas como: ¿Quién soy? ¿Cómo soy?
¿Cómo acostumbro funcionar? En todo esto, la literatura y la poesía
han tenido y siguen teniendo un papel fundamental. Uno se va
distanciando de lo que nos extrañaba, y familiarizándose con lo
propio y real. Dejando las teorías y las abstracciones por la vida.
Es muy lindo.
sábado, 28 de junho de 2014
Escribiendo
Muchas veces me ocurre de no tener nada que hacer. Varios de mais escritos comienzan de esta forma, lo que va situando el punto de partida de mis observaciones. Es el ocio, tan combatido como necesario. Más allá de la utilidad, que por supuesto tiene su utilidad, está el ocio (o más acá), también con su propia utilidad, una de las cuales consiste justamente en ponernos en un lugar de la realidad desde el cual podemos ver sin la exigencia de lo útil. Podemos ver o tratar de ver lo que está aquí, lo que está allí, dentro y fuera de nosotros, registrando su mera existencia, su mero estar ahí, estar aquí. Ese estar aquí tan escurridizo, una vez que estamos metidos en una especie de corrida constante hacia otro lugar, hacia otras cosas que no son esto, no son lo que está aquí. El aquí y ahora parece estar siempre escapándosenos, debido a esta corrida contínua hacia otro lugar. Por eso el no hacer nada es tan valioso, en su modesta humildad. De él nace esa atención simple que teníamos de niños o de niñas, cuando mirábamos las hormigas o las flores o la montaña o el agua que pasaba por la acequia, absorvidos completamente en ese acto. Después vinieron y siguen viniendo las obligaciones, las tareas, lo que hay que hacer, que nos van apartando de lo que está aquí, en nombre de la utilidad. La utilidad tiene su utilidad, repito. No se me acuse injustamente de combatir lo útil, que sería una insensatez. No existen acciones que no objetiven algún tipo de resultado. Lo que estoy tratando de profundizar aquí, sin embargo, es el no hacer nada como lugar de donde nace la creación, el lugar de donde nace una especie de quietud en la cual nos rehacemos, ya que por algunos instantes, estamos involucrados en la simple presencia, en el simple estar aquí. Muchos de mis escritos comienzan registrando ese hecho, el que por no tener nada que hacer, me pongo a escribir. Voy poniendo letras unas al lado de las otras, o dejo que alguna observación venga a bajar a los renglones. En estos hechos simples, la vida va regresando a ese estado original de no utilidad, de no aplicación, en el que no estamos preocupados o preocupadas con algún resultado, sino solamente con el estar aquí. El estar aquí no es solamente pasivo, sino que tiene sus propios ritmos, es una especie de movimiento casi detenido, en el que la vida transcurre en cámara lenta, en un movimiento casi imperceptible. Ese estado de casi inmovilidad total, es uno de los movimientos más tenues de la vida, es casi podríamos decir, una especie de eternidad vivible, en la cual el silencio nos envuelve de una manera casi total. La palabra que nace de estos momentos, es casi una palabra silenciosa, que no hace ruido, ni se separa de lo que está ahí. Es la palabra de lo que está ahí. Es cuando lo que está ahí tiene la palabra, y nos ponemos a la escucha. Se invierte la dirección, y quedamos siendo una especie de portal o de puerta por la cual lo que existe pasa, y lo vemos, lo registramos, somos eso que pasa y al mismo tiempo somos quien registra ese paso. Por eso me fascina tanto el escribir, porque es un ejercicio en el cual la vida viene desde otros lugares, me sorprende, va siendo otras cosas, va siendo más de lo que yo suponia o sabía.
sexta-feira, 27 de junho de 2014
Tres imágenes y un salmo
Hoy, durante el día, en varios
momentos, me acompañaron estas imágenes: un manantial de aguas
claras, los renglones de un cuaderno, y hojas de otoño que vi en el
piso del parque, asemejando estrellas. El salmo es el 23, que recité
junto a mi padre y con él, a la tarde y a la noche de este día.
Ahora quisiera decir algunas cosas sobre estas imágenes y sobre este
día que está por terminar. Tal vez sea desnecesario, pues las
imágenes hablan por sí mismas. El agua clara del manantial es la
pureza del corazón. Esto se ve en las intenciones delas personas que
hacen el bien, que tratan de compartir con los más necesitados, los
recursos culturales de las clases más favorecidas. También es el
amor que nos anima y nos guía en la vida diaria. Los renglones son
como las baldosas por donde caminamos, o las cuerdas de una guitarra.
Al escribir, es como si tocara una canción. Y también cuando
camino, es como si fuera escribiendo. Es, de hecho, ir escribiendo y
leyendo, pues el mundo que veo y del que participo, es en buena
medida escrito por mí con mis pasos. Los pasos son no solo los dados
con los pies, sino con el propio andar por el mundo, que es escribir
y leer. Las hojas de otoño en el piso que parecen estrellas, son la
imagen del cielo en la tierra. Caminamos en medio de estrellas que
están en la tierra que pisamos. Y el salmo 23, que leí con mi padre
hoy dos veces, fue un momento muy lindo. La sensación que su mirada
expresó, fue de una naturaleza tal que no la puedo describir, pero
fue muy buena. Era como de paz, y de confianza. Una profunda
confianza en Dios, y alegría. El día ya va terminando, y otras
alegrías me alcanzaron y todavía estàn en mí, y las agradezco.
Son originarias de mis hijas e hijos, de los cuales me enorgullezco,
y cuyas vidas son una luz para mí. Una vida que viene desde adentro.
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