quinta-feira, 7 de abril de 2011

Beatlemania

A veces me enfermo muchísimo de la cabeza por cosas que no tienen nada que ver. Como ser la normosis, o sea la patología de la normalidad, o ver el mundo sin alternativa y uno como un conejito de indias caminando al matadero sin chistar. Pero estas son cosas que a uno se le pasan si acude, como acudí esta mañana, a un viejo e infalibe expediente, de escuchar una vieja y buena música de Los Beatles. Son cosas simples. Recordar buena gente que conociste en tu vida, o lugares donde la pasaste rebien, o personas a quienes amas, no importa dónde estén. De pronto oír estas canciones, o canciones que llevo dentro de mí, o pensar en la arena esta mañana en la playa, todas esas formas dibujadas en el piso, y yo buscando el control remoto del portón que se me había caído. In my life, está tocando ahora. La reunión con los amigos esta mañana, ese ceremonial de esperarse, de escucharnos unos a los otros, de recopilar tantas charlas, tantos encuentros. O simplemente escuchar esa voz con que la canción concluye y otra vez eres ese joven de otrora, un joven sorprendido de estar aquí, ahora escuchando Norwegian Wood, y no sabes si estás allá y entonces, o aquí y ahora, o si aquél allá y este aquí y este ahora, son un solo y único tiempo. Oyes la canción que habla de una chica que se fue, y los sones vienen a ti y oyes otra vez la misma canción, pero no eres y eres el mismo. Es la magia del tiempo, la magia de esta cosa tan simple que es volver a ti mismo y ver que nada cambió, eres el mismo, no pasó nada, todo está como era entonces.

quarta-feira, 6 de abril de 2011

Lembrança de Comblin

É grande a tentação de vir a público dizer algumas coisas sobre a partida do nosso querido e inesquecível Padre José Comblin. Talvez seja necessário e oportuno, talvez não. Talvez seja mais o silêncio e o recolhimento, que nos permitam guardar com mais fruto os ensinamentos de alguém que, com tanta sabedoria, soube ser simples ao ponto de ter conseguido ser, e continuar sendo, apenas aquele que é. Esta é a qualidade que mais admiro em alguma pessoa: ela ser quem ela é. Quando é um escritor quem consegue isto, ser os seus escritos, a obra está completa, ele conseguiu. Sou um escritor, e isto é o que mais admiro em quem escreve. O escritor, o poeta, são os seus escritos. Eles não usam os escritos para se comunicar apenas, não usam a palavra como meio, mas são a palavra, são os escritos. Depois da sua partida, a sua presença começa a vir com mais completude, é como se ele, que estivera disperso em tantas recordações, em tantas leituras e reflexões, nesses poucos e inesquecíveis momentos em que tive a oportunidade de estar com ele, seja em grupo, seja em algumas das nossas caminhadas pela beira mar em Cabo Branco, é como se todo esse ser, com quem conversei poucas mas substanciais coisas a respeito das dores que a ditadura nos legara, sobre o ser poeta, esse ser que fazia o sinal da cruz repetidas vezes sobre o seu corpo, esse ser cuja memória fora tão apropriadamente evocada na missa de sétimo dia na Igreja de Nossa Senhora de Guadalupe pelos vários padres ali presentes, pelo público em silêncio significativo, é como se todo esse ser, esse único ser, esse ser de luz que vai ganhando mais e mais espaço na minha alma e, acredito, na alma de tanta gente por esse Brasil afora, por essa América Latina afora, esse Comblin que é os seus escritos, é o seu sorriso, é a sua presença de braços cruzados nas reuniões na sua casa do Sítio São José em Bayeux, a nos olhar e a brincar com esse seu tão próprio senso do humor, é como se esse Comblin que ontem reencontro em “O Caminho, ensaios sobre o seguimento de Jesus”, a dizer da vida como peregrinação, o ser e o ter, o amor como a centralidade da vida, é como se esse Comblin que vem cada vez mais a mim, a este presente, a esta hora, fosse já não Comblin mas a própria vida, a lembrança da luz que somos, como tão adequadamente o Padre Josenildo (se este é de verdade o seu nome, nunca sei sei ao certo isto), ou então o outro padre, o primeiro a falar, o padre negro cujo nome não sei, que começou evocando Comblin. Já não é mais um ser que se foi, alguém que morreu, embora seja. É esse que se foi, mas é um que está cada vez mais aqui. E é por estares cada vez mais aqui, que te agradeço, que agradeço à vida a graça de ter podido te conhecer, embora muito brevemente. Porque é um ser tão presente e tão simples e profundo como tu, que me lembra da simplicidade e da profundidade da vida. O amor é o começo, o meio, o fim. É algo a ser conquistado, ou talvez esteja tão aqui, que com a tua presença nos queres recordar constantemente isto. Ontem lia “O Caminho, ensaios sobre o seguimento de Jesus”, e agradecia, como agradeço nesta manhã, a clareza do ali dito, e agradeço a quem me emprestou o livro e a quem, na missa da segunda-feira passada, enfatizou este livro com tanta contundência, que aqui estou, tentando, mais uma vez e sempre, ir para lá, para essa Jerusalém que está aqui agora, no meio dos afazeres cotidianos. Quem ama não morre. Não morres, vives.

domingo, 3 de abril de 2011

Sociologia itinerante

Disponibiliza-se aqui o conteúdo de um livro até agora inédito: http://www.4shared.com/document/OeGcTXlt/sociologia_itinerante__vers1_p.html Nele podem ser encontrados eficazes antídotos contra males dos tempos atuais, tais como o tédio. A sociologia é uma interessante forma de libertação da consciência, quando recuperada pelo senso comum que todo ser humano possui, desde que ponhamos em ação a nossa capacidade de brincar, de sonhar, de criar, de acreditar que as mudanças podem e devem ser realizadas a partir de seres humanos novos, renovados.

quinta-feira, 24 de março de 2011

Ahora

Necesitaba tener un lugar donde vivir. Necesitaba tener un lugar adonde ir. Esta tarde, estoy pensando en estas cosas, tratando de ponerlas en este escrito, para ver si las veo claras. Hay horas en que se te figura ser necesario hacer alguna cosa. Esto es lo que estoy necesitando decir ahora. Hay que tener un lugar adonde ir. Hay que tener un lugar adonde vivir. Y ¿qué son estos lugares? ¿Son más de un lugar o es un solo lugar? Creo que estas cuestiones han sido exploradas por la filosofía desde hace mucho tiempo, y también por la mística, la oración. Han de haber sido trabajadas también por al persona común, en su vida cotidiana, pues son cosas que se le presentan a cada ser humano. No me interesa hacer algún tipo de disquisición, sino tratar de traer a estas líneas, cosas que se me van poniendo más claras a medida que escribo. Hay cosas que solamente se te aclaran cuando las tratás de comunicar, más: cuando las comunicás. A veces, un incidente fortuito, una charla, un conflicto, la vista de unas flores en un jardín, una palabra de un amigo, pueden funcionar como ordenadores, como lo que pone las cosas en su lugar, lo que ajusta, lo que ubica. Y ¿qué es lo que se está ajustando aquí y ahora, en esta exacto momento, en este mismo hecho de estar comunicándome con vos que leés estas cosas? De pronto, es la vida misma. Es la vida misma la que se va ajustando. Hoy de mañana, en medio de una situación conflictiva, tuve la noción clara de que la vida para mí es algo invalorable, sin precio. Mientras se discutían cosas que no voy a declarar aquí, tuve esta noción clara, que comparto ahora: la vida no tiene precio, es lo más alto, lo más valioso. Y no me voy a poner aquí a tejer otras consideraciones que puedan apartarme de este foco, de este punto central. Como que la vida fue pasando, y no siempre fuiste conciente, no siempre te diste cuenta bien de lo que estaba ocurriendo. Por algún motivo, en algún momento, todo se ordena, todo se junta, todo tiene sentido. Entonces es como si todo tu pasado, todas las cosas que fuiste viviendo a lo largo de tu vida, estuvieran en el justo lugar. Nada está fuera de lugar. Aún aquello que creíste que nunca debió existir, tuvo su lugar. Dejó su marca, así como los momentos nobles, la gente generosa y valiosa que te fue dado conocer. Todo encuentra su lugar en una hora gloriosa, en una hora en que agradeces, simplemente agradeces. Dices Gracias, vida. Cuando esto ocurre, una paz profunda te invade, ocupa todo, eres esa paz, esa ubicación, ese ajuste, esa ordenación. No hay ya nada fuera de lugar. Estás done debes estar. Y esto no es una cosa fija, es cambiante. Es ahora de una manera y después de otra, vas navegando en el río de la vida. Cuando todo ocupa su lugar, eres ese mosaico de horas, de momentos, de lugares, de hechos. Una sensación de unidad te invade, y te preguntas si será resultado de las horas de meditación, si es fruto de la ración. Tratas de explicar y no puedes, dejas de lado las tentativas de interpretar, es como una sensación muy antigua, debes haberla sentido de niño, cuando todo era como debería ser, todo estaba en su justo lugar. Esta sensación antigua vuelve, después de tantos años, y es como si siempre hubiera estado allí. Recuerdas tus familiares, las casas donde estuviste, las cosas que viviste. Todo está en su lugar, todo es como debería ser. Agradeces. Paz.

terça-feira, 22 de março de 2011

Llegando

La vida da muchas vueltas, esto todo el mundo lo sabe. Gira, gira y da más vueltas, como dice la canción. Y de tanto dar vueltas como una calesita, como un avioncito de esos que andaban por el parque cuando eras chico haciendo ruido de motor como de mosquito, rojo y lo mirabas y te ibas y eras ese vuelo y ese giro y esas vueltas. De pronto de tanto dar vueltas uno se marea, pero de tanto marearse por las vueltas, de vuelta de tantas vueltas, en una de esas vueltas te das vuelta y de vuelta sos el que eras de vuelta. Si te habáis dado vuelta, si te fuiste dando vueltas, como el avioncito del parque, como la calesita, de pronto estás otra vez vos, otra vez sos vos, ese mismo chico que salía a caminar por las veredas del barrio y miraba los brotes de los árboles en primavera y olía las coronas de novia y comía moras con los amigos del liceo en el prado cerca de tu casa. Y en esas vueltas, de vuelta ya, de tantas vueltas, en una de esas vueltas te bajas de la calesita y sigues caminando por las veredas del parque, veredas del parque de tierra. Veredas de tierra del parque, sombreadas, al lado de las acequias, y más allá el bebedero, y más allá el orfanato, y la universidad, el hospital, los árboles donde un día con esa chica de poncho rojo, y las canciones con tus amigos, y el mate, y el fútbol. Y una tarde como ésta, una tarde en que deberías estar durmiendo pero aqui no se duerme pero en Mendoza sí, y si quiero me voy a Mendoza ahora mismo, qué tanto. Una tarde como ésta en que el ventilador gira y sopla un vientito que refresca pues la calor es mucha. Te vas en la memoria al tiempo que no pasa, al tiempo de tu niñez, al autito rojo y al autito azul, al camioncito y a los malvones. La abuela y el tren, el abuelo y el mercado. Cómo pasó rápido la vida, como todo pasó tan rápido, que ya vas llegando a este lugar donde estás, y ha sido todo tan rápido.

Morada

Ahora que sabes cuál es tu mundo, ahora que sabes cuál es tu reino, ahora que ya sabes quién sos, allí te internas, te vas por esos caminos que conducen a la morada interior. Pero no porque te estés escapando de alguien o de algo, es que es allí donde vives, esa es tu residencia, la morada del ser que eres. La morada del ser que es. La morada del ser. La morada. Hoy de mañana una mirada al libro de meditación te recordó algo. La interiorización, volver al seno del ser que uno es. Volver a lo más interno. Como que eso te dio un toque, te dio un envión, te remitió de pronto, en la simplicidad de esas palabras tan directas, al ser primordial, Padre/madre, que está en lo más íntimo. Allí estás, allí sos.

Ser poeta

Entonces finalmente se dio cuenta de quien era. No necesitaría más adoptar caretas o tratar de parecerse con lo que no era. Ser poeta, pensó, sí, ¿por qué no? No está nada mal. Lo malo había sido pasar todo ese tiempo pensando que era otra cosa, otras cosas. Uno se confunde, pero se desconfunde. Entonces esa mañana de marzo, esa hermosa mañana de marzo en que tempranito te diste cuenta de que era mejor dejarte llevar por el día, seguir el día, como que la antigua mandala que sos se montó de pronto, casi del todo o del todo, como una diástole y una sístole convergentes e irradiantes. Eres eso, sí, ya sé, ya lo dije y ya lo sabes, pero es muy lindo confirmarlo, es muy lindo saber quién uno es, ser poeta.