Tarde de calor en João Pessoa. Los días pasados forman un piso
firme bajo mis pies. El sol anda por el cielo, hacia la noche. Y ahora que me
pongo a escribir estas cosas, el tiempo como que se va condensando. Todo es
esto que está aquí. Este instante es todo lo que tengo. Es tan pleno y tan
completo, que es un mundo en sí mismo. El universo. Me detengo en la
respiración que va y viene. Y en cada movimiento, el pulsar de todo lo que
existe. La felicidad de los días pasados reúne rostros familiares y amigos.
Conocidos. Un rompecabezas se va formando. ¡Recibo tanto cariño de tanta gente!
En realidad soy la suma de los seres que quiero. Esos seres y los afectos me
constituyen. Así los pájaros y las flores. El cielo y las estrellas. El viento
y las plantas. Los libros y los poemas. Los colores. La belleza. La oración. Todo
es un espejo, un reflejo y una casa. Pienso en los tiempos en que estuve fuera
de mí mismo. Dominado por reacciones y rencores. Envenenado por odios que no
eran míos. ¿Qué tengo yo con el capitalismo y la lucha de clases? ¿Qué me
importan la dominación, el poder y las instituciones? Tampoco me importan la corrupción,
la delincuencia política, los golpes de estado. No tengo nada que ver con eso.
Mi mundo es más bien algo que puedo ver y tocar. Un mundo a mi alcance. Me abro
paso entre letras y colores. Ando entre pájaros y flores. El sol y la luna. Los
ríos que me recorren por dentro, y el mar. Todo esto es mío y soy yo.
terça-feira, 2 de janeiro de 2018
sábado, 30 de dezembro de 2017
“Vive presente a tí como has vivido,” dice un poema que mi
madre me envió por correo, antes de partir. Esta mañana recordé estas palabras,
mientras cuidaba del jardín. Veía las flores de hibisco, esplendorosas. Admiré
su belleza. Seguí la jornada, cuidando de las tareas domésticas a mi alcance.
Me consuela sentir cerca a mi madre. Ahora sus palabras y su presencia son aún
más fuertes. Mi madre admiraba las flores, lo bello. Es un camino a Dios, y
ella lo siguió. Supo dejarnos señales, para que también pudiéramos ir por ahí.
Al volver a Tambaú, de Carapibus, admiraba con María, la belleza circundante.
Belleza del paisaje, de flores y cielo. Verde y gente simple, que vive de un
modo que me va sanando. Leo Cecília Meireles, y su lectura me integra en esta
eternidad tan bella de la cual formo parte. Flores, color. Imágenes. Un mundo
anterior y sucesivo. Ya me aliené bastante de todo esto tan hermoso que me hace
bien, en nombre de no sé qué supuestos ideales que debería seguir. Esos ideales
no son míos. Yo no vivo de odio. No vivo de bronca. Yo vivo de amor y de
belleza. Belleza de mi familia, que es vasta y digna. Correcta. Correctísima.
Belleza de lo que he venido aprendiendo de mí mismo y de la vida, en la Terapia
Comunitaria Integrativa y en el evangelio del Señor Jesús Cristo, que se
confunden con la vida misma. Belleza del arte, que me devuelve mi propia cara,
como bien dice Jorge Luis Borges en “Arte poética.” Van Gogh. Girasoles. Soles.
Música. Todo gira y dá más vueltas. Ha nacido mi nieta Julia. Mi nieto Luis
Ignacio me renueva. Nada me va a robar la alegría de esta vida nueva. Vida
devuelta. Renovida.
sexta-feira, 29 de dezembro de 2017
Simplemente
“El mensaje de Jesús es simple, pero su simplicidad está
para nosotros como la ciudad en la cumbre de la montaña: nos movemos como si
fuéramos a alcanzarla, sabiendo que talvez nunca lleguemos allá.” (José
Comblin, O Caminho. Ensaio sobre o
seguimento de Jesús).
Hoy recuerdo estas palabras del Padre Comblin, y
agradezco haber tenido acceso al evangelio desde el comienzo de mi vida. Una fuente
de luz y de confianza. Las palabras de Jesús son simples, realmente. Puedo
dejar que ellas me lleven a ese reino de paz, amor y justicia que nos fue dado
como un don gratuito por Dios. Solo necesito hacer un pequeño esfuerzo para ponerme
en sintonía con la presencia del Dios hecho hombre.
Aprendiendo
¡He recebido tantas cosas buenas, a cambio de algunas que no
valían la pena! Hoy pienso en esto, y me invade un sentimiento de gratitud. Perdí
una seguridad que yo tenía, que era completamente falsa. Pensamientos ajenos
que había asimiliado como propios, y que me hacían crer que yo era más y que sabía
más que los demás. En cambio, recibí una confianza infinita en el poder del
amor de Dios, que me acompaña y me guía en todos mis pasos. Perdí falsos
amigos, que estaban a mi lado por causa de la dificultad que yo tenía para aceptarme
como yo soy. En cambio, recuperé la capacidad de ver lo mejor en las personas. Mi
soledad es plena, está llena del afecto de las personas que me constituyen por
dentro. Cada vez más me abro al misterio de la vida. Un aprendizaje constante,
que me va adentrando en la eternidad a cada instante. Perdí la noción de ser
alguien que no tenía un lugar en el mundo. Me descubro parte de una totalidad infinitamente
amorosa y justa. El arte y el amor me abren a esta realidad.
segunda-feira, 25 de dezembro de 2017
Recomienzo
Pronto llegará el sol, a pintar de colores el cielo. Lo
vivido en estos días de convivencia familiar, me llama a querer decir algo. La familia
me da seguridad. Es como un nido en el que me asiento y vivo. Son como hilos tenues
que me constituyen por dentro. Cuando me abro a la convivencia con amigos, y con
personas próximas, me doy cuenta de que este tejido de luz interior sólida, es
más grande. La familia es más grande. En estos días pasados, se reunieron mis familias
argentina y brasileña. No la totalidad, pero sí quienes pudieron hacerse
presentes en mi casamento con María, en Carapibus, Conde, Paraíba. Me doy
cuenta de que algo se fortaleció aún más. Unidad. Las conversaciones se van
juntando. Este es el mundo real. Aquí no vale lo que se disemina desde las TVs
o las redes sociales. Aquí hay proximidad, acercamiento, confianza, alegría,
fé. Nacen niños. Nos renovamos los que tenemos más edad. Aquí es la vida, la
esperanza. La vida da muchas vueltas. Sin duda. Mucho ya he vivido, desde el comienzo
de mis días. Y lo que puedo decir es que ahora, en este instante en que sigo
esperando al sol, es que vale la pena esperar. Vale la pena esperar que llegue otra
vez la luz. La vida está siempre recomenzando.
quarta-feira, 20 de dezembro de 2017
Necesariamente
Yo no necesito de tanto éxito, ni de tanto reconocimiento
social. Sólo necesito amor. Esta mañana, las flores y los pájaros. Y las
palabras de ella, que me anidan, hacen para mí una casa, un territorio, un país.
Escribo y planto y cosecho. Cosecho mi lugar en el mundo. ¡Es tan fácil! Y sin
embargo da un trabajo bárbaro. Deshacer la programación productivista, la de la
insatisfacción, la de lo que falta. Ver más bien lo que hay, lo que está aquí.
La vida en su inexplicabilidad, imprevisibilidad y sorpresa constante. La diversidad
que es cada persona. ¡Tan distintos que somos unos de los otros! Esa variabilidad
es admirable. Me completo en ese rompecabezas contínuo que es la convivencia. No
necesito preocuparme tanto. No necesito exigirme tanto. No necesito tener
miedo. Todo va ocurriendo. De alguna manera, siempre sale todo bien.
sexta-feira, 15 de dezembro de 2017
Creciendo
Ayer pensaba, como tantas otras veces, en lo que aprendido y
sigo aprendiendo con hechos del pasado a los cuales asocio emociones e ideas como:
abandono, traición, abuso, injusticia. Me doy cuenta de que el haber vivido tales
situaciones y las emociones e ideas asociadas a ellas, me ha ido capacitando
para adquirir la condición de ser más acogedor y amoroso; más confiable e
íntegro, más coherente; más respetuoso y justo. En otras palabras, verifico lo
que aprendo en la Terapia Comunitaria Integrativa: la carencia genera competencia.
Las heridas del ayer, cicatrizadas, me capacitan para actuar hoy, en el sentido
de reparar, sanar. No a los demás, sino a mí mismo. “Yo no nací para sufrir, pero el sufrimiento
puede servir para mi crecimiento, si tengo la humildad necesaria para comprender,”
dice Adalberto Barreto, creador de la TCI. Había tenido durante el día, aquella
sensación que llamo de “río interno.” Una sensación como de tristeza. Llanto.
Cuando viene esta sensación, me alivio. Me igualo com el mundo vasto a mi
alrededor. Me uno concretamente con mi pasado y con las personas que he ido
conociendo en la Terapia Comunitaria Integrativa. Gente que sufre o sufrió, y
que sigue la vida más fuerte y más confiante. Más resistente y más firme. El
objetivo de la TCI es que la persona se transforme en su propio terapeuta. La experiencia
enseña, si es que estoy dispuesto a aprender. Esto demanda una atención y un trabajo
continuo sobre mí mismo, y en mi relación con los demás. Entonces me enriquezco con el diario vivir. La
vida se hace más sabrosa. Tiene más sentido. En vez de vivir reaccionando al pasado
o a muchos hechos traumáticos del pasado, envenenado por el rencor y el odio,
por el deseo de venganza o revancha, o por el resentimiento, de toda esa
oscuridad voy haciendo luz. Una luz concreta y visible, que puedo ver muchas
veces en pleno día, en mi interior. Esta Navidad sí que es un nacimiento.
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