quarta-feira, 2 de setembro de 2015

Amarillo

A veces siento necesidad de estar conmigo mismo. Entonces me pongo a escribir. Cuando llego a la hoja, cuando estoy aquí, está todo bien. Todo es como debería ser. Es que este es el lugar donde debo estar. Aquí soy yo. Aquí me recupero de las presiones sociales por desempeño. Aquí no hay exigencias. Es sólo estar. Y estar bien. Aquí estoy bien. Aquí no hay los “debería” ni los “debiera”. Aquí es lo que es. Y lo que es, es paz, es armonía. Esta mañana me desperté y sentí de imediato esa sensación de sorpresa por estar aquí. Respirar. Sentirse vivo. En seguida, empezar las actividades diarias. Sabía que sólo estaría mi lugar, cuando llegara aquí. Cuando empezara a escribir. Se me ocurrió que podría escribir el día que vendría. Sería como construir el día previamente. Puse algunas anotacioes. Amarillo es el color de los afectos. Lo veo-siento cuando no me presiono, cuando no me exijo. Entonces es ese amarillo tenue que es como un tejido fino que está por todas partes. Las cosas pueden ser de una manera o de otra. Puedo hablar o no hablar. Es un juego. No hay necesidad de estar actuando siempre como quien quiere acertar siempre. Acertar puede ser actuar, y puede ser también esperar, escuchar. 

segunda-feira, 31 de agosto de 2015

Presencia

A veces me siento un poco ausente. Como si no estuviera. Como si no fuera. En esas oportunidades, me pongo a escribir. Entonces me hago presente. Este es mi lugar. La hoja. Las hojas. ¡Cuantas hojas ya he escrito a lo largo del tiempo! Generalmente voy registrando lo que veo. Lo que oigo. Los paisajes y la gente. Sentimientos. Sueños. Proyectos. Sensaciones. Así me voy teniendo de vuelta. Así voy volviendo a mí mismo. Me vuelvo a habitar, escribiendo.

sexta-feira, 24 de julho de 2015

Un solo país

Hay una Argentina de cuando estoy afuera y otra de cuando estoy allá. Pero ¿cuándo uno está fuera de su país, si el país es uno mismo? Esto es cierto, pero me refiero al país externo, ese que está fuera de uno, la ciudad de Buenos Aires o Mendoza, los aeropuertos de El Plumerillo o Ezeiza, el ómnibus de Tienda León, las veredas y los taxis, los bares y los kioskos, restaurantes, el país de afuera. Cuando estoy de afuera, el país de afuera está adentro, es un recuerdo. Cuando estoy adentro, no me acuerdo de que hay un país de afuera y el país me parece el mismo país que dejé hace ya tantos años. Un país de historias en los libros, de sueños de un día tornarse un país. Si hay dos Argentinas o tal vez más, parece un juego, pero es verdad. Hay veces que sé bien clarito en la cabeza, que son dos países distintos, y me río de mí mismo por ser tan crítico de un país de tiros y balas, de policía y ejército en la vida de cada uno. De iglesia y balcón de la Casa Rosada, de la casa de Gobierno. Pero hay otro país que he recordado mucho en estos días pasados. Un país sin generales ni tortura ni desaparecidos, ni crímenes contra la humanidad. Una Argentina, un país de chico, de acequias y barquitos. De parras y montaña. Últimamente, te cuento que este país está más que el otro. Es un país de niño, de patio con malvones y juegos en el piso. Los juegos en la vereda, los vecinos, el verdulero italiano y el gallego del almacén. Cada vez más este país, menos el otro. Cada vez más una Argentina, una Mendoza, muy chiquitos. Me veo en ellos o soy ellos. Un solo país.

quarta-feira, 8 de julho de 2015

La vida es más tenue

Uno puede ser menos duro consigo mismo. Puedo tratarme mejor, internamente. No necesito ser tan exigente, ni usar palabras duras. Puedo tratarme mejor. Esta mañana pensaba, en el gimnasio, que muchas veces creo ser muy duro conmigo mismo. En vez de decir: “acostumbro a ser muy duro conmigo mismo”, puedo decir: “a veces ocurre que me trato con excesiva dureza.” Esto establece un espacio. Hay una posibilidad de que las cosas sean distintas. Puedo haberme acostumbrado a ser muy exigente conmigo mismo, en función de presiones sociales. Los hombres son duros. Los hombres no lloran. Pero si me escucho, si converso conmigo mismo, si me escucho sin el afán de imponerme nada, puede haber una posibilidad. Pedo dejar de tratarme con violencia o agresividad, y simplemente escucharme. Entonces entro en contato conmigo mismo. Puedo darme cuenta de que en virtud de circunstancias de mi vida, me ví obligado a tener que desempeñarme con máxima eficiencia, para ser aceptado. Hoy ya no necesito tratarme con tanta exigencia. Puedo relacionarme conmigo mismo en mejores términos. Puedo entender que soy humano, y no una máquina de alcanzar metas y obtener triunfos o realizaciones.  

quinta-feira, 18 de junho de 2015

Ahora

Hay días en que uno querría llegar a escribir alguna cosa. La ida al supermercado y al correo. Caminos y lugares que se empiezan a hacer familiares. Y esto de seguir por aquí día tras día, que también empieza a adquirir aires de familiaridad. Y aquél pasado que se había quedado pegado al presente, empieza a ocupar su lugar de pasado. El presente presente. El pasado pasado. Ahora esto. Ahora aquí. Ahora este estar aquí que se va haciendo natural. Recomponiendo el mapa interno. Juntando pasado y presente. Hay cosas que querría haber olvidado. Pero están ahí. Siguen doliendo, cuando vuelve el recuerdo. Pero agradezco el hoy. Agradezco el ahora. Agradezco la posibilidad de esrar aquí. El hecho de estar aquí. Vivo. Amando. Creyendo. Disfrutando del presente.  

quarta-feira, 17 de junho de 2015

Enfrentamiento

A veces pienso que puedo llegar a estar teniendo algún problema. Una dificultad o inconveniente. Entonces miro hacia adentro. Converso conmigo mismo y me escucho. Miro alrededor. Entonces me doy cuenta de que hay muchos recursos para enfrentar lo que sea. Todos/as tenemos muchos recursos para enfrentar todo lo que se nos presenta. No hay recetas mágicas. Si las hay, no las conozco. Sé que hay recursos. Hay estrategias de enfrentamiento. Y con esto me basta.

terça-feira, 16 de junho de 2015

Ordenando

Una práctica coherente impone el respeto a las diferencias.
A veces no tengo nada que hacer. Entonces me pongo a escribir. Como hace ya tantos años que hago esto, es como si una parte mía se fuera equilibrando. Ordenando.
El lado de allá y el lado de acá se equilibran. Todo está como debe ser. Todo está bien. Por haber escrito ya tanto, es como si mi mayor parte estuviera ya del lado de allá.
Y este que soy yo y que escribe ahora, ganara su verdadera dimensión en esta simetría. Me equilibro. Me ordeno. Es como si ya todo lo que he venido escribiendo en todos estos años, hace ya tantos años, y este exacto estar aquí ahora, estuvieran en perfecto equilibrio.
Entonces es como si algunas cosas que molestan, como la intolerancia de quienes se burlan de la fé de los demás, no fuera nada. Es un delito, lo sé. Gente que se molesta con la discriminación racial, pero no le molesta ofender a los que profesan una creencia o tienen su fé.
No es que esto sea nuevo. No lo es. El ambiente intelectual me parece que tiene siempre una tendencia al desencantamiento. Es como si la fé les pareciera un rasgo de infantilidad o inmadurez.
Ya fui menos tolerante con los intolerantes. Hoy no deja de molestarme su sorna, su desprecio por quienes nos aferramos a una fé o a una creencia. Sin embargo, no les envidio la suerte. El juego es peligroso. El mundo actual es cada vez menos tolerante.
Parece haber menos espacio para el discurso de la discriminación. Y más allá de la contradicción entre decirse defensor de los derechos humanos y burlarse de la fe ajena, está el hecho de que toda forma de discriminación contiene el germen de la violencia.