domingo, 3 de maio de 2015

Crecer

Hay días que son un poco difíciles de resumir. Parece que no hubiera pasado nada digno de nota, pero al llegar el fin de la jornada, uno se da cuenta de que sí, de que hay cosas para reunir. Un comienzo un poco desorientado. Queriendo hacer algunos arreglos pendientes en casa. Idas y venidas, hasta encontrar el rumbo. Tareas domésticas. El paseo por la tarde, en Chacras de Coria y Godoy Cruz. La plaza de Godoy Cruz. Algo adentro se fue ordenando. Recuerdo de dificultades superadas, o que uno aprendió a convivir con ellas. Acordarme de quién soy. Esto es lo más importante. Cómo fui recuperándome a lo largo de los años. Muchos esfuerzos personales. Ayuda de amigos y familiares. Ahora hay momentos en que me parece haber finalmente llegado al punto de disfrute. Una posibilidad de calma. Integración. Compartir. Dar frutos. Enraizarse y crecer. Seguir creciendo. 

terça-feira, 28 de abril de 2015

Tiempo

A veces uno se siente un poco desubicado. Fuera de lugar. A veces es necesario cambiar de lugar, y uno demora un poco en ubicarse. Es natural. Estabas con un cierto proyecto, en un cierto lugar, y de pronto tenés que irte a otro lugar, a hacer otras cosas o las mismas cosas, pero en otro lugar. En medio de otras personas. Hay que darse un tiempo.  Hay que permitirse el tiempo necesario para que se produzca el ajuste. No somos máquinas. Hay que permitirse el tiempo necesario para que ocurra la adaptación. Ya me han tocado varios cambios más o menos bruscos en la vida. Cambios de lugar, cambios de país, cambios de situación. Tengo que ser capaz de tener paciencia conmigo mismo y decirme: date un tiempo. Take your time, don´t hurry. (The Beatles) 

segunda-feira, 27 de abril de 2015

Escribir es una forma de no hacer nada

Y esto, que podría parecer algo meramente negativo, no lo es, en absoluto. No es negativo no hacer nada escribiendo, pues es un no hacer nada constructivo. Escribir es una forma de no hacer nada que, al mismo tiempo, abre un espacio para una existencia más armoniosa.  No sé si esto puede resultar claro para quien pueda estar leyendo, pero para mí sí es claro. Y diré por qué: cuando escribo, me unifico con la parte más grande de mi ser. Aquella parte ilimitada que existe en cada persona. Esta es la parte mía que se asoma cuando escribo. Y lo hace muchas veces en medio de descripciones de hechos banales, de todos los días. Describo un paseo por el rosedal o por el parque. Una escena vista en una plaza. Un sentimiento sentido al mirar unos álamos. Y al anotar estas cosas simples, el tiempo se va fijando. Al no haber una intencionalidad definida, orientada a resultados, la vida se revela. El mundo viene. Lo que hay de eterno en lo efímero, se muestra, se manifiesta. 

domingo, 26 de abril de 2015

Pertenecimiento

¿Cómo lo que soy y lo que hago están insertos en mi historia de vida? Esta pregunta me sitúa en el momento presente. Dónde estoy, qué hago y quién soy, son cuestiones fundamentales. Cuando me hago esta pregunta, soy yo quien viene como respuesta. Miro donde estoy y qué hago. ¿Qué sentido tiene que yo este aquí donde estoy, en este preciso lugar, en la red de personas con las cuales me relaciono? Cuando presto atención a ésto, puede venir una respuesta imediata. Pero más importante aún, es que yo me dé cuenta de qué es lo que estoy queriendo saber de mí mismo a través de la pregunta. Me hago esta pregunta porque necesito saber que mi hacer actual, mi estar aquí y ahora, y mi ser el ser que soy, están insertos en mi historia de vida. Hay una continuidad, un entrelazamiento de mis actos del pasado y mi presente. Mis proeyctos de vida, lo que pretendo hacer en algunos meses o en los próximos años, también está en armonía con la persona que soy, con el ser que se fue construyendo a lo largo de todos los actos de mi vida. 

sexta-feira, 24 de abril de 2015

Presencia

Muchas veces escribo no para decir algo en especial, o para compartir algo, sino solamente para sentirme aquí, para sentir mi presencia, saber que estoy en mi lugar, estar en mi lugar. Ocurre sin embargo que al empezar a habitar este espacio tan íntimo, y al mismo tiempo tan común, es como si estuviera en un lugar de todos, que, sin embargo, guarda su privacidad. Escribo hasta cuando no estoy escribiendo. Escribo y leo para estar en mí mismo, estar en este espacio único y al mismo tiempo común. Un campo abierto. Una montaña, un río, el mar. Ando por ahí como quien va recogiendo unos hilos de oro. Unas pepitas de oro. Unas joyas raras. Como hoy a la tarde en el rosedal. Un portal de glisinas. Las palmeras de la avenida de las palmeras. Y el lago. La gente caminando o en los prados. Saber entonces que hay un lugar y ese lugar es aquí, aquí y ahora. Un lugar de siempre y desde siempre. Una Mendoza que no cambió o cambió mucho, no sé. No sé cuánto habré cambiado yo. Tavez mucho, talvez poco, tal vez no haya cambiado nada y siga siendo el mismo que siempre fui. Saber que mis raíces están aquí y también allá, en João Pessoa, y en Paraná. Rosario y Posadas. Cuiabá y Brejo das Freiras. Tantos lugares. São Paulo y Brasilia. Brasil y Argentina. Un país. Lugares que he ido construyendo en tantas caminatas. Tantos sueños y algunas pesadillas. Hoy florece. Aún en la noche, serenamente, una paz se hace presente. Una compañía que estuvo a mi lado desde el comienzo de mi vida. Una luz que tiene nombre y que llamo Jesús. Hermano, amigo, familia. Raíces. Redes. Todo permanece. Todo cambia y todo sigue igual. Pero no igual, diferente, de otros modos, siempre. 

segunda-feira, 20 de abril de 2015

Llegando

Ahora veo la hoja en blanco. ¡La cantidad de cosas que podrían llegar a escribirse en este espacio! Y sin embargo a esta hora, cuando el día está apenas empezando a clarear y recién empiezan a sentirse los ruidos de la ciudad que despierta, solamente me vienen a la mente algunas impresiones derivadas del cuento de Julio Cortázar que estuve leyendo anoche, antes de dormir: “Ahí pero dónde, cómo.” La sensación de haber estado en algún lugar con alguien. Alguien preciso, una persona determinada. Yo hablando por telefono desde una cabina que era el porche de una casa de la cual salía una familia con niños. Allí pero dónde, como. Era la ciudad de São Paulo, y yo tenía que llegar a un cierto lugar, cerca de Santo Amaro, donde viví durante muchos años. Anoche al leer el cuento de Cortázar, me vinieron impresiones precisas de lugares que raramente evoco en mi memoria, o que raramente vienen a la conciencia. Anoche también pensaba que después de vivir mucho tiempo, uno al final ya debería tener una noción más propia de lo que es todo esto. Es decir, ya no nos debería bastar la descripción del mundo que nos fue siendo impuesta desde la niñez y a lo largo de las demás etapas de la vida. Ý no me refiero solamente a las cosas más aparentemente obvias y triviales, sino a todo lo que existe, a lo que es la vida como tal, el mundo como tal, nosotros mismos, etc. Salir de lo que nos fue impuesto, para llegar a lo propio. 

sexta-feira, 17 de abril de 2015

Construyendo

Me pongo a escribir, y es inmediato. Me empiezo a sentir bien. ¿Cómo algo tan simple puede hacerme tanto bien? Debe ser porque aquí me encuentro, aquí soy yo, aquí respiro mejor. Aquí construyo mi mundo. Creo que no hay mejor sensación que la de ser uno mismo, fuera de las presiones sociales, los convencionalismos, las obligaciones. Uno se completa, al reencontrarse con esa parte más grande que nos constituye, y que va más allá de lo que habitualmente vemos de nosotros mismos. En el tiempo que llevo escribiendo, he ido como que pescando pedazos de mí, retazos de vida, verdaderas pepitas de oro. Hilos de luz que ahora vuelven a mí y me anidan. Hoy por ejemplo dí una vuelta por el barrio. Las veredas cubiertas de hojas. Caminar sobre estrellas. Son sensaciones sin igual, que si no las escribo, se me escapan, se pueden ir perdiendo. Al anotarlas, se inscriben, se graban, se van imprimiendo. Y así muchas veces ando por el mundo y siento que es mi mundo. No es un mundo extraño o distante, ajeno u hostil. Entonces se hace más agradable el vivir. La vida se hace más plena. Es muy lindo salir a la calle o estar con familiares o amigos, y sentir que uno está en su propio mundo. Es como si vos fueras ese mismo mundo, y en realidad es así. Uno es el mundo que va construyendo con sus afectos, con sus actos, con sus relaciones, con los sueños que vamos plasmando día a día.