terça-feira, 22 de julho de 2014

Realidad

Esta mañana mientras conversaba con mi padre, me di cuenta de que la mirada poética deshace la ilusión de lo repetido. Esto es algo que yo ya sabía, al menos teóricamente. Pero en ese momento, mientras conversaba com él, tuve la certeza. Ya he hablado muchas veces con mi padre, sin embargo, de algún modo, había algo nuevo en ese encuentro. No sé qué sería, si su alegría al despertar, no lo sé en verdad. Me di cuenta de que muchas veces actuamos automáticamente, damos la respuesta hecha, seguimos el hábito, desconectados de lo que estamos haciendo. Un poco antes, había estado hablando con una vecina que conoce a mi padre. Algo me dijo que me detuviera para conversar con ella. Fue un buen encuentro, también. Me permití una conversación sin preparativos ni objetivos. Charlar por charlar nomás. Y ese encuentro fue como una introducción al que tuve en seguida con mi padre. A veces me parece como si la vida fuera un encaje perfecto, o encajes perfectos que a veces se nos hacen evidentes. Ahora está lloviznando y tengo que esperar un intervalo para salir a hacer algunas diligencias.  

sábado, 19 de julho de 2014

¿Qué hacer?

Pocas preguntas son tan frecuentes y molestas como ésta. Frecuente, porque son incontables las veces por día que nos la hacemos. ¿Voy al cine o al teatro? ¿Barro la vereda o no? ¿Me levanto a escribir estas cosas o lo dejo para mañana? ¿Publico o guardo? Y la lista se extiende. Y digo que la pregunta es molesta porque nos obliga a estar decidiendo todo el tiempo, lo cual da un trabajo bárbaro. Pero esto es inevitable, si es que aún somos seres humanos. Si fuéramos máquinas, la cosa casi no se presentaría, o estaría reducida al mínimo: seguiríamos un programa automático, con pocas alternativas para elegir. Entonces, por más molesta que te pueda parecer la pregunta, es mejor que te la sigas haciendo. ¿No te parece? Lo otro no es un buen camino. La maquinización no nos conviene a los humanos.  

quinta-feira, 17 de julho de 2014

Integración literaria

Nunca me cansaré de enfatizar cuánto le debo a la interacción con algunas personas que leen mis textos, y que se toman el trabajo de comunicarse con el autor. Este feedback, esta devolución, realimenta la construcción colectiva de espacios de integración, de liberación de prisiones mentales y emocionales. El capitalismo exacerba los distanciamientos, exagera las diferencias en lo que ellas tienen de oposición entre las personas, entre los modos de pensar, entre las culturas. Nuestro caminar va en el sentido contrario. Siempre admiré a los autores y a las autoras que me incluían en sus relatos, en sus libros. Yo podía verme en las narrativas de Ray Bradbury y de Howard Philips Lovecraft, del mismo modo como me sentía incluído, sobre todo, en las canciones de Los Beatles. Con el pasar del tiempo, fui desarrollando el escribir como forma de integración en mí mismo, de mí mismo, y en el mundo, con el mundo alrededor. Rompiendo la separatividad, de manera lúdica, dialógica, constructiva. Esto no fue muy bien visto en la llamada academia, donde la mediocracia y el apego al poder y al dineiro prevalecen, con raras y honrosísimas excepciones, generando estilos comunicacionales excluyentes, restrictivos, un cierto lenguaje que los ghettos corporativos llaman científico. La cientificidad no tiene nada que ver con la exclusión. Al contrario. En las avanzadas de la ciencia, las visiones y formas de conocimiento confluyen. El saber científico y las cosmovisiones religiosas convergen, más allá de las tentativas de privatización excluyente. El saber popular, la sabiduría de las personas comunes (y todos y todas somos personas comunes) y los saberes artísticos, prácticos, etc, son otras tantas avenidas que confluyen para proporcionar a los seres humanos, formas de apropiación del mundo que puedan llevar a una vida más feliz, más plena, más cooperativa. En el escribir ocurre lo mismo. Hay quien escriba para no ser comprendido o comprendida. Y en las relaciones personales también: hay quien se esfuerce para no ser comprendido o comprendida. Por eso, siempre admiré y me gustó, me gustóa mucho y continúa gustándome, cada vez más, la escritura inclusiva, dialógica. Aquella que se establece desde la horizontalidad de los saberes. La que construye espacios de interacción en los cuales las diferencias sean (o puedan llegar a ser) enriquecedoras, y no necesariamente disociadoras. No concibo mi vida sin los libros que leí, sin los libros que mi madre nos leía cuando niños. Esos libros me fueron dando la certeza de que yo tenía un lugar en el mundo, de que yo podía y puedo ser. Tal como las canciones de Los Beatles.

domingo, 13 de julho de 2014

Argentina: hay una posibilidad

Faltan pocas horas para que se defina cuál será el equipo de futbol campeón mundial. Estoy muy lejos de ser lo que se podría decir un fanático de este deporte. Casi se podría afirmar lo contrario. Pero en estos días en que me está siendo dado vivir en la Argentina el período más largo que he permanecido dentro de sus fronteras desde que me vi obligado a emigrar en 1977, estoy teniendo la posibilidad de procesar algunos sentimientos que se habían quedado presos en el tiempo.

Recuerdo que leí, en 1999, un informe de la OPAS-OMS intitulado "La salud mental en el mundo." En él se analizaban las consecuencias de los regímenes de terrorismo de estado, tal como el implantado en la la Argentina a partir de 1976, sobre la moral de la población. Una frase en particular, me quedó en la memoria, al leer el extenso informe de la organización internacional dedicada a la salud.

Se refería a la dificultad de que las poblaciones sometidas a las prácticas terroristas como las impuestas por el Estado argentino en ese entonces (así como en Brasil a partir de 1964, en Chile después de 1973, en Uruguay etc)  pudiesen recuperarse de las secuelas morales derivadas de la imposición del miedo como práctica política desde el poder.

Secuestros, tortura, desapariciones, la mentira como política de Estado. Han pasado muchos años desde ese entonces. Pero no tanto que se puedan haber borrado las secuelas del miedo. Todavía quedan memorias de esos tiempos. Y las memorias del miedo que se nos impuso entonces, no se revierten facilmente. Pero es posible. Y es en esta posibilidad en la que creo que vale la pena apostar.

Hacía muchos años que yo no hinchaba por el triunfo de una selección argentina de futbol en un campeonato mundial. La última vez fue en 1978. Yo me encontraba viviendo en São Paulo como tantos otros compatriotas emigrados. Necesitábamos una alegría. La Argentina necesitaba una alegría, en medio de la atroz dictadura cívico-militar que imperaba.

Han pasado muchos años desde 1978. Pero los argentinos y las argentinas continuamos necesitando de una alegría. Esta alegría puede venir de un campo de futbol. No estaría nada mal, talvez como una forma de celebrar los 31 años de vida en democracia. Pero nadie sabe cual será el resultado de este juego que se llevará a cabo en el Maracanã.

Lo que importa, lo que quiero enfatizar aquí, es que esta alegría que esperamos que nazca de un triunfo deportivo esta tarde, puede y debe ser una alegría que nos ayude a vernos de otra manera como nación, como pueblo, como gente. Que podamos vernos otra vez como gente capaz de movilizarse colectivamente para construír una nación de verdad, más allá de los partidos y de los gobiernos.

Una nación de gente que sabe que puede, que puede construir formas de convivencia social más amorosas y justas, más fraternas, barriendo de nuestro cotidiano el autoritarismo, la explotación y la violencia. Necesitaba decir estas cosas y las dije. Es una forma de ir apostando en esta posiblidad a la que me refería al comienzo de estas consideraciones.

Es posible vivir sin miedo. Es posible y es necesario vivir con fe y con alegría. Es necesario vivir con fe y con alegría. Puede ser la alegría de un triunfo futbolístico, pero puede ser también la simple alegría de vivir. Estar feliz por estar vivo. Nada más ni nada menos que eso.

sábado, 12 de julho de 2014

Ordenándose

Cuando escribo, todo se va ordenando. Los pensamientos y los sentimientos están aquí. Y aquí está lo bueno, lo que quiero. El amor de mi esposa y compañera. El cariño de toda mi familia, los que están y los que se fueron. El afecto de mis amigos. El reconocimiento de las personas simples, que siempre me alegra. Entonces todo está bien. Todo siempre estará bien mientras escriba. Mientras escribo. Cuando me pongo a escribir todo se va ordenando. Todo está en su lugar y todo es como debe ser. Escribiendo.  

quinta-feira, 3 de julho de 2014

Recuperación

La escucha interior. Hoy me dí cuenta de que hace ya bastante tiempo, vengo teniendo una relación de mayor aceptación de mí mismo. Esto se da sobre todo, a través de diálogos internos más amenos y amigables. Es como si, después de un largo tiempo de auto-exclusión, estuviera ahora finalmente anidándome en la persona que soy. Aceptando ser el ser que soy. Y para esto ayudan algunas preguntas como: ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Cómo acostumbro funcionar? En todo esto, la literatura y la poesía han tenido y siguen teniendo un papel fundamental. Uno se va distanciando de lo que nos extrañaba, y familiarizándose con lo propio y real. Dejando las teorías y las abstracciones por la vida. Es muy lindo.  

sábado, 28 de junho de 2014

Escribiendo

Muchas veces me ocurre de no tener nada que hacer. Varios de mais escritos comienzan de esta forma, lo que va situando el punto de partida de mis observaciones. Es el ocio, tan combatido como necesario. Más allá de la utilidad, que por supuesto tiene su utilidad, está el ocio (o más acá), también con su propia utilidad, una de las cuales consiste justamente en ponernos en un lugar de la realidad desde el cual podemos ver sin la exigencia de lo útil. Podemos ver o tratar de ver lo que está aquí, lo que está allí, dentro y fuera de nosotros, registrando su mera existencia, su mero estar ahí, estar aquí. Ese estar aquí tan escurridizo, una vez que estamos metidos en una especie de corrida constante hacia otro lugar, hacia otras cosas que no son esto, no son lo que está aquí. El aquí y ahora parece estar siempre escapándosenos, debido a esta corrida contínua hacia otro lugar. Por eso el no hacer nada es tan valioso, en su modesta humildad. De él nace esa atención simple que teníamos de niños o de niñas, cuando mirábamos las hormigas o las flores o la montaña o el agua que pasaba por la acequia, absorvidos completamente en ese acto. Después vinieron y siguen viniendo las obligaciones, las tareas, lo que hay que hacer, que nos van apartando de lo que está aquí, en nombre de la utilidad. La utilidad tiene su utilidad, repito. No se me acuse injustamente de combatir lo útil, que sería una insensatez. No existen acciones que no objetiven algún tipo de resultado. Lo que estoy tratando de profundizar aquí, sin embargo, es el no hacer nada como lugar de donde nace la creación, el lugar de donde nace una especie de quietud en la cual nos rehacemos, ya que por algunos instantes, estamos involucrados en la simple presencia, en el simple estar aquí. Muchos de mis escritos comienzan registrando ese hecho, el que por no tener nada que hacer, me pongo a escribir. Voy poniendo letras unas al lado de las otras, o dejo que alguna observación venga a bajar a los renglones. En estos hechos simples, la vida va regresando a ese estado original de no utilidad, de no aplicación, en el que no estamos preocupados o preocupadas con algún resultado, sino solamente con el estar aquí. El estar aquí no es solamente pasivo, sino que tiene sus propios ritmos, es una especie de movimiento casi detenido, en el que la vida transcurre en cámara lenta, en un movimiento casi imperceptible. Ese estado de casi inmovilidad total, es uno de los movimientos más tenues de la vida, es casi podríamos decir, una especie de eternidad vivible, en la cual el silencio nos envuelve de una manera casi total. La palabra que nace de estos momentos, es casi una palabra silenciosa, que no hace ruido, ni se separa de lo que está ahí. Es la palabra de lo que está ahí. Es cuando lo que está ahí tiene la palabra, y nos ponemos a la escucha. Se invierte la dirección, y quedamos siendo una especie de portal o de puerta por la cual lo que existe pasa, y lo vemos, lo registramos, somos eso que pasa y al mismo tiempo somos quien registra ese paso. Por eso me fascina tanto el escribir, porque es un ejercicio en el cual la vida viene desde otros lugares, me sorprende, va siendo otras cosas, va siendo más de lo que yo suponia o sabía.